La playa de La Griega se extiende a poniente de Ribadesella, en el oriente de Asturias, frente a una rasa costera labrada por el mar Cantábrico. Aquí, entre la arena y el acantilado, el territorio guarda algo más que paisaje: el impresionante yacimiento de huellas de dinosaurios de la playa de La Griega, enclave fundamental dentro de la Costa de los Dinosaurios (o Costa Jurásica). En este tramo del litoral asturiano, muy próximo al Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) y a Colunga, afloran rocas del Jurásico Superior que esconden icnitas de saurópodo de más de 150 millones de años, catalogadas entre las mayores documentadas en el planeta.

El concejo vive de espaldas y de cara al mar a la vez. Los riosellanos cruzan la ría a diario, pero pocos visitantes saben que, bajo sus pies, caminan sobre el rastro fósil de un gigante que pisó esta costa cuando aún no existía el Cantábrico tal como lo conocemos. Una rasa que, con la marea adecuada, revela una pista jurásica tallada en piedra caliza, un yacimiento paleontológico que pocos concejos del mundo pueden enseñar a pie de arena.

Un planazo perfecto para una escapada de verano combinando arenal y paleontología, como para los días claros de temporada baja en los que pasear por el acantilado sin masificaciones es un auténtico lujo.
La geografía física y el secreto geológico de La Griega
La playa se sitúa en la parroquia de Ribadesella, a poco más de un kilómetro del casco urbano, entre el cabo de Vidiago y la desembocadura de la ría del Sella. Es una rasa litoral de roca caliza modelada por el oleaje durante millones de años.
- Estratigrafía y formaciones: En su extremo oriental, los acantilados bajan en terrazas hacia el mar. La parte del acantilado donde aparecen las huellas fósiles de dinosaurios que está constituida mayoritariamente por margas y calizas grises (pertenecientes a la Formación Tereñes) junto con niveles de areniscas de la Formación Vega.
- El entorno original: Los antiguos sedimentos se depositaron en un mar interior sin apenas mareas, una laguna costera de agua dulce protegida del océano abierto por un umbral, donde proliferaban diminutos fósiles de gasterópodos.
- Las icnitas gigantes: Sobre esas superficies de estrato gris, expuestas cuando la marea vacía, aparecen las pisadas fosilizadas que superan el metro de diámetro —llegando a alcanzar hasta 1,25 metros—, con un característico reborde periférico abultado. Se trata de un rastro de saurópodo constituido por huellas de pies (subcirculares) y manos (en forma de media luna). Muy cerca de ellas, la superficie también conserva rastros de otros dinosaurios como estegosaurios de menor tamaño y marcas de raíces verticalizadas de antiguos paleosuelos.

Sabías que… Los acantilados comprendidos entre las playas de Lastres y la de La Griega han proporcionado además valiosos fósiles de cocodrilos, tortugas y peces, consolidando esta franja como un auténtico tesoro paleontológico a la sombra de la Sierra del Sueve.
El latido del lugar: senderos, rincones y paisanaje en la Playa de La Griega
El sendero de las icnitas: Parte desde el panel explicativo situado junto al puente que cruza la ría y recorre la rasa costera hasta el yacimiento. Permite la visita incluso en marea alta gracias a su trazado elevado.
Tip experto: Conviene calzar suela de agarre, porque la roca caliza queda sumamente resbaladiza tras el orbayu.
El mirador del cabo de Vidiago: Un alto natural sobre el acantilado desde donde se domina toda la rasa y se comprende la resistencia de esta piedra caliza frente al Cantábrico.
La aldea de La Vega: Pegada a la playa, conserva caserías de piedra y hórreos tradicionales. Caminar por su corredoira permite conectar la geografía local con la vida rural del paisano.
Consejo de aparcamiento: Para evitar embotellamientos y no molestar a los vecinos, lo mejor es dejar el coche en la zona habilitada junto al paseo marítimo y bajar caminando, evitando los accesos estrechos de La Vega, diseñados originalmente para tractores y labores agrícolas, no para el tráfico turístico.
Oficio, tierra y mesa: la despensa de Ribadesella, Asturias
La ría del Sella ha marcado siempre el oficio de Ribadesella. Las cofradías locales trabajan marisco de roca, pixín y bocarte, capturados en aguas que bañan la misma rasa donde los dinosaurios dejaron sus icnitas hace millones de años.
En las sidrerías del casco antiguo se sirve el pescado del día junto a sidra natural escanciada con el gesto propio del oriente asturiano. Si buscas donde comer en Ribadesella, no hace falta buscar carta turística: basta preguntar en la lonja qué entró esa mañana. El queso de los valles cercanos, de pasta blanda y corteza fina, completa una mesa que entiende el mar y la montaña como una sola despensa, uniendo la paleontología, la rasa y la braña en una misma experiencia.
La Griega seguirá ahí, entre marea y marea, enseñando sus huellas a quien sepa leer la piedra. Cerrar la experiencia enlazando la huella real de la playa con la visita al Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) en Colunga es el combo perfecto para redondear cualquier ruta de fin de semana. Nuestro Mar Cantábrico borra y descubre, una y otra vez, el paso de un gigante que caminó esta costa mucho antes de que existiera Asturias.