José Ramón Andrés Puerta nació en Mieres del Camín en 1969, cuando el carbón todavía marcaba el pulso del valle. Antes de cocinar para jefes de Estado y de fundar una de las organizaciones humanitarias más respetadas del mundo, fue un crío que correteaba entre castilletes mineros y huertas familiares. José Andrés en Asturias no es un capítulo cerrado de su biografía: es la raíz que cita cada vez que alguien le pregunta de dónde viene su forma de entender la comida.
Mieres no se vende como destino fácil. No tiene playa ni casco histórico de postal. Tiene calles que bajan hacia el río Caudal, fachadas que todavía recuerdan los tiempos del hierro y el carbón, y una vida de pueblo que sigue su propio ritmo al margen del calendario turístico. Eso es exactamente lo que el chef reivindica cuando habla de su tierra.
Quien llegue buscando al cocinero se encontrará con algo distinto: un concejo entero que explica por qué José Andrés cocina como cocina. Sigue leyendo y entenderás qué tiene Mieres que no tiene ningún otro rincón de Asturias.
El pueblo que formó a José Andrés: Mieres del Camín
Mieres del Camín es la capital de un concejo situado a unos veinte kilómetros de Oviedo, en plena Montaña Central asturiana. El río Caudal atraviesa la villa y marca su trazado urbano desde hace generaciones.
La cuenca minera dejó huella en cada esquina. Los antiguos castilletes, las casas de vecinos construidas para familias obreras y los bloques de las cooperativas mineras conviven hoy con un centro reconvertido, sin perder esa memoria de trabajo duro que José Andrés menciona en cada entrevista cuando habla de su infancia.
El barrio de El Requejo concentra buena parte de ese carácter. Allí, entre sidrerías de toda la vida y terrazas sin pretensiones, el chef ha dicho en más de una ocasión que ese es el rincón que elegiría si tuviera que quedarse en un solo lugar del mundo. No es un restaurante con estrella. Es una plaza de barrio donde se escancia sidra y se comparte mesa con desconocidos.
Qué ver y hacer en Mieres
Vía Verde de Turón. El antiguo trazado del ferrocarril minero se ha convertido en una senda que cruza túneles, puentes y castilletes rehabilitados. Caminar por ella es recorrer literalmente la historia que José Andrés llevó después a la cocina: esfuerzo, comunidad y memoria del carbón.
Valles de Cuna y Cenera. Praos verdes, hórreos centenarios y bosques de castaños separan apenas unos kilómetros del centro urbano. Es la Asturias interior sin filtro, la que pocos turistas asocian con el norte porque buscan costa y se olvidan del valle.
Picu Polio. Una ascensión exigente que recompensa con una panorámica abierta sobre toda la Montaña Central y la Cordillera Cantábrica al fondo. No hace falta ser montañero experto, basta con buenas piernas y respeto por el terreno.
Dónde comer en Mieres, Asturias
Casa Nando, en Urbiés, sigue sirviendo pote asturiano y cabrito asado como se hacía hace décadas, con el arroz con leche casero como cierre obligado. Es la parada clásica tras bajar de la Vía Verde de Turón, la que recomienda cualquier vecino sin pensarlo dos veces.
Menos conocida, la Vinoteca Planta 14 propone una vuelta moderna a los productos del concejo: cachopo de cecina, croquetas de centollo y una carta que cambia con la temporada sin perder el acento asturiano. Aquí la sidra sigue siendo protagonista, igual que en cualquier chigre de El Requejo.
Ningún paso por Mieres está completo sin probar el queso de los Picos de Europa o las fabes con almejas que tantas sidrerías del concejo preparan a diario. José Andrés ha repetido que esos sabores de cuchara, sencillos y sin artificios, son los que de verdad le enseñaron a cocinar.
¿Y si la próxima vez que pienses en Asturias no piensas en playa, sino en un pueblo minero junto al Caudal donde nació uno de los cocineros más influyentes del mundo? Mieres lleva ahí mucho antes que José Andrés. Y seguirá ahí cuando los focos se apaguen.