En los Teatros Luchana, Rodrigo Cuevas se quita la ropa entera y bromea sobre el striptease como forma de aprendizaje. En Piloña, el mismo hombre corta leña porque hace frío y no hay más remedio. Esa es la grieta que vale la pena mirar: no la del showman, sino la del vecino.
El cabaretero que quiso nacer en un circo
Antes de subirse a un escenario, Cuevas soñaba con otra cosa. Lo contó él mismo: de crío quería ser acróbata, crecer entre animales, dormir bajo lona. «No creo que haya un lugar mejor para nacer que un circo», ha llegado a decir. El nomadismo, la acampada, la vida sin ataduras.
Ese impulso no desapareció cuando empezó a llenar teatros. Se transformó en otra cosa: en la decisión de plantarse en una aldea del concejo de Piloña y quedarse.
Piloña, la casa que soñó antes de tenerla
Nació en Oviedo, en 1985. Estudió tuba y piano, después sonología en Barcelona. Abandonó la carrera y se fue a Galicia, ocho años en una aldea de San Sebastián de Covelo, aprendiendo gallego y baile tradicional.
Cuando volvió a Asturias, no se instaló en la ciudad. Eligió un pueblo pequeño de Piloña, concejo del oriente asturiano con capital en Infiesto, entre praos y montes que separan el valle del Sella del Piloña. Él mismo lo definió en una entrevista: vive en «la casa en la que siempre soñé».
Lleva allí más de una década. Huerto con lechugas y tomates al lado de casa, leña para el invierno, un pueblo donde, según sus palabras, hay menos regulación y todo está más vivo. Nada de esto sale en los carteles de sus giras.

La Benéfica: el arraigo convertido en proyecto
En 2021, junto a Sergi Martí y Nacho Somovilla, encontró un edificio abandonado en Infiesto. Antes había sido la sede de la Sociedad de Socorro Mutuo, La Benéfica de Piloña. Decidieron devolverle la vida.
No fue un gesto simbólico. Lanzaron una campaña de crowdfunding y reunieron 136.000 euros en dos meses para levantar el tejado y arrancar la rehabilitación de un pequeño teatro en pleno centro de Infiesto. El objetivo no era solo cultural: quería frenar la despoblación, dar a la gente joven del pueblo una razón para no marcharse.
Cuevas lo resumió sin adornos: ser pobre en la ciudad es mucho más duro que ser pobre en el pueblo. La frase pesa más viniendo de alguien que podría vivir donde quisiera.
De la aldea al escenario, y vuelta
Ahí está la paradoja que sostiene todo: el mismo artista al que han llamado supremacista asturiano o Freddie Mercury del folclore, el que se desnuda en Madrid y canta a dúo con Ana Belén o Massiel, regresa siempre a la misma aldea de Piloña.

No usa el folclore como colorete, como él mismo ha dicho de otros artistas. Lo lleva puesto porque lo habita a diario, entre chigres y vecinos que no salen en ninguna crónica. El exceso del escenario y el silencio del prau no son dos vidas distintas. Son la misma, contada en dos volúmenes distintos. Piloña no aparece en sus letras como decorado. Aparece porque es, literalmente, donde vive.