Ni Picos de Europa ni Lagos de Covadonga: este es el único pueblo de Asturias al que solo se puede entrar cruzando una cueva gigante

Para llegar a Cuevas del Agua, en Ribadesella, hay que cruzar La Cuevona: 300 metros de bóveda caliza con estalactitas y un arroyo bajo los pies.

Latitud Savia · · 4 min de lectura
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Ni Picos de Europa ni Lagos de Covadonga: este es el único pueblo de Asturias al que solo se puede entrar cruzando una cueva gigante
Las claves 5
  1. 1 La Cuevona de Cuevas es una cavidad natural de 300 metros que funciona como único acceso rodado a la aldea.
  2. 2 El arroyo de Cuevas labró la bóveda durante millones de años en la roca caliza del concejo de Ribadesella.
  3. 3 La aldea conserva medio centenar de vecinos y una concentración notable de hórreos tradicionales de la comarca.
  4. 4 El paso de vehículos está restringido a residentes y autorizados para preservar la estructura de la cavidad.
  5. 5 La Ruta de los Molinos parte del pueblo y recorre el cauce del río mostrando molinos hidráulicos restaurados.

Hay un momento, dentro de La Cuevona, en el que los ojos tardan en decidir hacia dónde mirar. El techo de roca caliza sube varios metros sobre la cabeza, el arroyo suena bajo los pies aunque no siempre se vea, y al fondo, como una mancha brillante que crece despacio con cada paso, aparece la salida y detrás de ella, un prado verde que parece de otro mundo.

Eso es lo que atraviesan los vecinos de Cuevas del Agua cada vez que entran o salen de su aldea. No un túnel de hormigón, no un paso elevado. Una cueva de verdad, con sus estalactitas, su humedad y su eco, labrada por el arroyo de Cuevas durante millones de años en la roca caliza del interior del concejo de Ribadesella.

El pueblo existe porque la cueva lo permite. Y la cueva sigue ahí porque el pueblo no la ha tocado más de lo necesario.

La Cuevona: la bóveda caliza que hace de puerta, carretera y geología a la vez

La cavidad mide unos 300 metros de longitud y está iluminada de forma estratégica en su interior, lo suficiente para caminarla sin linterna, no tanto como para quitarle el carácter de cueva. La bóveda alcanza alturas considerables en su tramo central, donde las formaciones calcáreas crecen desde el techo con una densidad que obliga a detenerse.

Los vecinos tienen nombre propio para algunas de esas formaciones. La lengua del diablo señala una estalactita alargada y retorcida que baja desde la pared norte. Las barbas de Santiago, un grupo de columnas finas que el agua ha ido depositando durante siglos junto al cauce del arroyo. Son los nombres que pone el paisanaje a lo que la geología llama simplemente espeleotemas.

Lo que convierte a La Cuevona en un caso singular, más allá de su belleza, es su función simultánea: maravilla geológica y tramo de carretera pública. Los vehículos autorizados, exclusivamente residentes y servicios esenciales, circulan por el mismo suelo que pisan los visitantes a pie. La restricción no es burocrática: el paso rodado masivo dañaría una estructura que tardó millones de años en formarse.

Conviene cruzarla a primera hora, cuando la luz exterior entra de frente desde la boca occidental y el contraste con el interior en penumbra es máximo. Calzado cerrado con suela de agarre, porque el suelo permanece húmedo en cualquier época del año. Y tiempo: no es un túnel que se atraviesa mirando al frente. Es un espacio que pide pararse.

La aldea al otro lado: hórreos, maizales y el silbido del tren

Al salir de la cueva, el paisaje hace exactamente lo contrario de lo que hacía dentro. El techo desaparece, el horizonte se abre y la aldea de Cuevas del Agua aparece con esa calma específica de los pueblos del interior asturiano que no están en ninguna carretera principal.

Medio centenar de vecinos viven aquí entre hórreos de madera oscurecida por el tiempo, fincas de maíz y huertos que no han cambiado de forma en generaciones. La concentración de hórreos tradicionales es de las más densas de la comarca de Ribadesella, un detalle que suele pasar desapercibido porque la cueva acapara toda la atención.

El tren de vía estrecha para junto al pueblo. El FEVE, que conecta el oriente asturiano desde hace décadas, convierte a Cuevas del Agua en uno de los pocos lugares de Asturias donde se puede llegar en tren y entrar al pueblo andando por una cueva. Esa combinación no la tiene ningún otro enclave del Principado.

Qué hacer en el entorno de Cuevas del Agua, Ribadesella

La Ruta de los Molinos parte desde el propio pueblo siguiendo el cauce del arroyo que labró la cueva. Es circular, de baja dificultad y recorre varios molinos hidráulicos restaurados que usaron esa misma agua durante siglos para moler el grano de las caserías cercanas. El camino va entre vegetación de ribera y roca caliza, y el sonido del agua acompaña todo el recorrido.

El puente colgante sobre el río Sella espera al final del pueblo, una pasarela peatonal suspendida sobre el agua que balancea levemente con el paso y que encuadra, aguas arriba, una de las vistas más limpias del valle del Sella en todo el concejo. Es el tipo de estructura que no aparece en los mapas de senderismo pero que los vecinos conocen de toda la vida.

Cuevas del Agua no creció a pesar de su cueva. Creció gracias a ella, protegida por esa boca de piedra que durante siglos filtró quién entraba y quién no. Hoy sigue siendo la única puerta. Y sigue funcionando.

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Escrito por Latitud Savia

Firma colectiva de Latitud Savia para piezas de última hora, actualizaciones y contenido elaborado conjuntamente por la redacción.

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