Los cinco pueblos que Cudillero esconde a menos de un cuarto de hora

Cinco pueblos que rara vez comparten titular con Cudillero, aunque compartan carretera: un acantilado de vértigo en Oviñana, un palacio de indianos en El Pito, una parada de peregrinos en Soto de Luiña, casonas de ultramar en Somado y una ría abierta al Cantábrico en Muros de Nalón.

Mateo Vega Sanzo · · 7 min de lectura
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Los cinco pueblos que Cudillero esconde a menos de un cuarto de hora
Las claves 5
  1. 1 Cinco pueblos rodean el concejo en menos de un cuarto de hora, cada uno moldeado por un accidente geográfico distinto.
  2. 2 Los indianos que emigraron a Cuba y Argentina definieron con sus casonas la fisonomía de Somado y El Pito.
  3. 3 El Cabo Vidio de Oviñana forma parte de los acantilados más altos de la costa cantábrica asturiana.
  4. 4 La cripta de El Pito conserva un altar prerrománico del siglo VIII procedente de Santianes de Pravia.
  5. 5 Soto de Luiña conserva inscripciones que segregaban a los vaqueiros de alzada dentro de la propia iglesia.

Cudillero se lleva las postales, pero el concejo respira más allá del puerto y sus casas de colores apiladas contra la ladera. En un radio de menos de quince minutos en coche se abre otro territorio, el de Oviñana y su acantilado de vértigo, el de El Pito y su palacio de indianos, el de Soto de Luiña con su historia de peregrinos, el de Somado con sus casonas de ultramar y el de Muros de Nalón con su ría. Cinco pueblos de Asturias que rara vez comparten titular con Cudillero, aunque compartan carretera.

Aquí la geografía manda. La rasa costera obliga a los pueblos a crecer pegados al borde del acantilado, mientras el valle del Nalón tira hacia el interior y reparte casonas, huertas y palmeras traídas en barco. Quien conduce estas carreteras secundarias entiende rápido que cada pueblo responde a un accidente del terreno distinto, mar, río o monte bajo, y que esa diferencia se nota en la piedra, en el oficio y en el silencio de cada plaza.

Hay una cueva marina bajo un faro que solo se ve con la marea muerta, una inscripción tallada en el suelo de una iglesia que segregaba a un colectivo entero durante la misa, y un altar del siglo VIII que un particular usaba de mesa para lavar la ropa antes de que alguien se diera cuenta de lo que tenía entre las manos. Ese es el tipo de detalle que este territorio guarda para quien se detiene más de una hora.

La geografía que envuelve Cudillero: rasa costera, ría y monte bajo

El concejo de Cudillero se asienta sobre una rasa costera recortada por acantilados de areniscas y calizas que en el Cabo Vidio superan los 80 metros de caída vertical. Hacia el este, el río Nalón abre una desembocadura amplia que ha condicionado durante siglos el comercio y el poblamiento de Muros de Nalón y Somado, ya en el concejo vecino de Pravia. Hacia el oeste, la costa se endurece y da paso a Soto de Luiña, parada histórica del Camino de Santiago de la Costa desde la Edad Media.

Esta combinación de rasa, ría y monte bajo explica por qué el paisanaje de la zona nunca fue uniforme. Pescadores y percebeiros en Oviñana, comerciantes ligados al puerto natural del Nalón en Muros, indianos que trajeron capital americano a El Pito y Somado, y monjes que atendían peregrinos en Soto de Luiña. Cinco formas distintas de habitar la misma franja de costa asturiana.

El latido de los pueblos cerca de Cudillero: paisanaje, piedra y mirador

Oviñana, el pueblo colgado sobre el Cabo Vidio

Oviñana está a poco más de diez minutos de Cudillero por la AS-263 y vive de espaldas al pueblo, mirando de frente al Cantábrico. Conviene dejar el coche en el aparcamiento señalizado antes de llegar al faro, sin invadir las fincas de los vecinos, y caminar los últimos metros a pie. El banco de Oviñana, al borde mismo del acantilado, es el punto exacto donde el atardecer cae directo sobre el mar sin nada que lo interrumpa.

Bajo el faro se esconde La Iglesiona, una cueva marina formada por el golpeo constante del oleaje, con una cúpula tan alta que recuerda a una catedral; solo se puede ver completa caminando por la rasa en mareas vivas de coeficiente bajo, así que conviene consultar la tabla de mareas antes de bajar.

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El Pito, el pueblo del «Versalles asturiano»

A cinco minutos escasos del puerto de Cudillero, El Pito parece un pueblo cualquiera hasta que aparece la tapia de la Quinta de Selgas. Los hermanos Ezequiel y Fortunato Selgas hicieron fortuna en Madrid en el siglo XIX y volvieron a transformar su pueblo natal con escuelas, viviendas para maestros y un palacio rodeado de jardines franceses e italianos que hoy cuelga obras de Goya y El Greco en sus salones.

Los cinco pueblos que Cudillero esconde a menos de un cuarto de hora

La Iglesia de Jesús Nazareno guarda algo todavía más antiguo en su cripta, un altar prerrománico del siglo VIII procedente de la iglesia de Santianes de Pravia, que los Selgas rescataron de un jardín particular donde se usaba como mesa para lavar la ropa. Merece la pena entrar en horario de visita guiada, porque la cripta permanece cerrada el resto del día.

Soto de Luiña, la parada de peregrinos y vaqueiros

Diez minutos al oeste de Cudillero, Soto de Luiña respira Camino de Santiago en cada esquina de piedra. La Iglesia de San Martín de Luiña, barroca por fuera y románica en origen, conserva en el suelo unas inscripciones que aún se leen con luz rasante: marcaban el sitio donde debían situarse los vaqueiros de alzada, colectivo pastoril discriminado durante siglos, para oír misa sin mezclarse con el resto del pueblo.

El antiguo Hospital de Peregrinos del Rosario, hoy casa de cultura, recuerda que este tramo de costa atendía a quienes caían enfermos camino de Galicia. Ir a media mañana entre semana permite recorrer la iglesia casi en solitario.

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Somado, la calle de las casonas indianas

Ya en el concejo de Pravia, a un cuarto de hora de Cudillero, Somado concentra una de las mayores densidades de arquitectura indiana de todo el occidente asturiano. El Paseo de las Casonas reúne palacetes como La Casona, el Chalé Solís o la Casa de la Torre, construidos a principios del siglo XX por emigrantes que volvieron ricos de Cuba y Argentina y compitieron entre ellos por la fachada más vistosa.

Casi todas conservan en el jardín una palmera traída en barco, señal inequívoca de estatus para quien pasara por delante. Desde el Mirador de la Peñona, en la parte alta, se ve entera la desembocadura del Nalón, el mismo río que trajo la fortuna que levantó estas casas.

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Muros de Nalón, el balcón sobre la ría

A quince minutos por la carretera que bordea el Nalón, Muros de Nalón creció bajo la sombra del Palacio de Valdecarzana y del comercio que entraba por su puerto natural. La Senda de los Miradores, una de las rutas peatonales más cuidadas de la costa asturiana, avanza junto al acantilado bajo arbolado y desemboca en la Playa de Aguilar; conviene llevar calzado con buen agarre porque el tramo final baja con pendiente sobre roca húmeda.

En la propia playa, una roca con forma singular llamada El Caballar preside la arena y da nombre a una leyenda que cada vecino del pueblo cuenta con detalles distintos. La versión más repetida habla de un caballero que intentó romper el hechizo de una xana cargándola a la espalda camino del mar, condición impuesta para liberarla del encantamiento; una tormenta cerró el paso, el peso de la xana creció a cada zancada y el caballero no llegó a completar el rescate antes de que el agua se los llevara a los dos. La Plaza del Marqués de Muros, con sus árboles monumentales, sigue siendo el centro social del pueblo fuera de temporada.

Los cinco pueblos que Cudillero esconde a menos de un cuarto de hora

Oficio, tierra y mesa: la despensa de Cudillero y su entorno, Asturias

Este tramo de costa vive del mar y del monte bajo casi por igual. En Oviñana, los percebeiros bajan todavía los acantilados por sendas casi verticales para recoger percebe de roca, una técnica heredada de generación en generación que se puede ver de lejos, nunca de cerca, por respeto al oficio y al riesgo que conlleva. En el propio puerto de Cudillero, la lonja y los chigres del muelle sirven el pescado que entra esa misma mañana, sin necesidad de buscar más allá. Río arriba, en el valle del Nalón que riega Somado y Muros, las huertas y praderías sostienen una ganadería de leche y carne que abastece queserías pequeñas del concejo de Pravia, más fáciles de encontrar preguntando en el mercado semanal que en cualquier buscador.

Un territorio que se recorre despacio

Ninguno de estos cinco pueblos necesita más de una hora, pero juntos exigen un día entero si de verdad se quiere entender por qué el paisaje manda tanto en esta esquina de Asturias. La rasa costera, el Nalón y el Camino de Santiago trazaron rutas distintas para gente distinta, y esa memoria sigue viva en la piedra de cada casona y en el silencio de cada acantilado. Quien se detiene aquí, aunque sea quince minutos, entiende algo del occidente asturiano que ninguna vista panorámica explica sola.

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Mateo Vega Sanzo
Escrito por Mateo Vega Sanzo

Cronista de territorio en Latitud Savia. Recorre costa, interior y pueblos de Asturias hablando con quien realmente vive el paisaje.

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