Un cañonazo parte el silencio del puente de Arriondas a las doce del mediodía. Mil y pico piragüistas se lanzan al agua al son del himno de Asturias. Tres horas después, ese mismo río desemboca en Ribadesella convertido en verbena. Entre esos dos momentos cabe la fiesta más antigua del piragüismo español, la 88ª edición del Descenso Internacional del Sella, que este 2026 se celebra el sábado 8 de agosto.
Más que un descenso: la fiesta que se traga dos pueblos
Arriondas no duerme la noche del viernes. Los sellers llevan días acampados junto al río, con las tiendas apretadas en cada prau disponible. Huele a sidra y a hierba mojada, y las gaitas suenan hasta que el cielo empieza a aclararse.
El sábado, el desfile folclórico arranca a las diez de la mañana, con gigantes y cabezudos abriendo paso entre la gente. A las once y cincuenta llega el pregón, este año de la mano de Santi Cazorla, y a las doce en punto el cañón marca la salida oficial desde el puente Emilio Llamedo.
Competidor o turista: dos formas de bajar el mismo río
La prueba profesional reúne a más de mil trescientos palistas de veinticinco países, repartidos en unas novecientas embarcaciones, que recorren los veinte kilómetros entre Arriondas y Ribadesella en poco más de una hora. Los primeros suelen llegar al puente de Ribadesella entre la una y las dos de la tarde.
Quien no compite también puede meterse en el agua ese mismo día. Varias empresas de la zona ofrecen una salida turística inmediatamente después de la élite, con reserva y pago anticipado obligatorios, ya que las plazas se agotan con semanas de antelación.
Sella dog friendly: bajar el río con el perro
Cada vez son más los que bajan con su perro en la canoa, y varias empresas de Arriondas se anuncian como dog friendly, con la mascota viajando gratis. La norma que repiten todas es la misma: nunca atar al perro dentro de la canoa, porque si esta vuelca puede quedar atrapado bajo el agua.
Casi todas prestan chaleco salvavidas para perros sin coste añadido, aunque no es obligatorio si el animal sabe nadar. Se recomienda que sea sociable, que esté acostumbrado a gente y a otros perros, y que no sea excesivamente nervioso ante el ruido de la fiesta.

Logística sin agobios: reserva y precio
El día del Descenso Internacional el río se cierra al tráfico turístico habitual hasta que pasa el pelotón profesional, y varias empresas ofrecen una única salida especial a las doce, justo detrás de la élite. El precio ronda los 35 a 40 euros por persona según la empresa, sin recargos por la fecha en la mayoría de los casos.
Conviene reservar con varios días de antelación, porque en julio y agosto las plazas vuelan y para la jornada del Descenso Internacional pueden agotarse con semanas de margen. El alojamiento en Arriondas, Ribadesella o Cangas de Onís también se llena, así que quien piense en dormir cerca debe moverse con meses de adelanto.
El plan B: ver la carrera sin mojarse
RENFE pone en marcha el Tren Fluvial, un servicio de FEVE que sale de la estación de Arriondas engalanado con flores y recorre en paralelo los veinte kilómetros de recorrido, con paradas para animar a los palistas desde la vía. Es la manera clásica de seguir la prueba sin subirse a una canoa.
Quien prefiera tierra firme tiene tres puntos clásicos: Arriondas para ver la salida, Toraño para una zona más tranquila y familiar, y el Puente de Llovio, donde el río forma los últimos rápidos vistosos antes de la meta.
Anécdotas de aguas bravas: cuestas, campings y convivencia
La llegada a Ribadesella tiene fama propia entre quienes bajan cada año. Los últimos metros, con la gente agolpada en ambas orillas y las charangas sonando a la vez, se viven como una cuesta final aunque el agua esté en calma.
En los campings improvisados de Arriondas conviven atletas que han competido esa misma mañana con familias que solo buscan pasar el día. Nadie pregunta el dorsal después de las cinco de la tarde: todos acaban bailando la misma verbena.
Gastronomía de combate para aguantar la jornada
Entre tramo y tramo, el oriente asturiano tira de lo de siempre: bollu preñau para llevar en la mano, fabada asturiana para reponer fuerzas y sidra natural escanciada sin pausa durante todo el día. El queso Cabrales cierra el repertorio para quien busca algo más intenso.
En los Campos de la Oba, en Llovio, es tradición sentarse a comer fabes y arroz con leche una vez terminada la carrera, mientras el ambiente de romería se instala en las calles de Ribadesella hasta bien entrada la noche.
Lo que no puede faltar en la mochila
Calzado de agua que se agarre bien a las piedras, protector solar de verdad, porque son muchas horas de sol de agosto, y ropa de recambio seca guardada en un bidón estanco. Una funda sumergible para el móvil evita disgustos si la canoa toca fondo.
Para quien lleva perro, arnés en lugar de collar, agua suficiente para que beba durante el trayecto y paciencia para dejar que se acostumbre al agua a su ritmo, sin forzarlo a subir con prisas.
Código de honor del Sella
No se permite consumir alcohol durante el propio descenso, norma común a todas las empresas de la zona por seguridad y por respeto al río. Recoger la basura, no dejar restos en las praderas donde se acampa y respetar el ritmo de quienes bajan por primera vez son gestos que sostienen la buena fama de la fiesta.
El río Sella no es un decorado. Es un espacio compartido con vecinos de Parres y Ribadesella que viven aquí el resto del año, y esa convivencia es la que ha mantenido viva la prueba desde 1930.
Preguntas frecuentes
¿Es peligroso el descenso?
El Sella es un río de clase uno, de aguas tranquilas, y todas las empresas exigen saber nadar como requisito indispensable, también en la jornada del Descenso Internacional.
¿Pueden ir niños?
Sí, desde los cinco años o 1,15 metros de altura, con equipamiento adaptado y siempre acompañados por un adulto en la misma canoa.
¿Qué pasa si llueve?
La prueba se mantiene salvo crecida importante del caudal, ya que forma parte del calendario oficial de la Federación Española de Piragüismo desde hace noventa y cuatro años.
Quienes bajan el Sella cada agosto coinciden en algo que ninguna guía explica del todo: el río está en silencio casi todo el trayecto, y ese silencio es lo que hace más brutal el contraste cuando, al doblar la última curva, Ribadesella aparece convertida en fiesta.