Tres pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís que laten a menos de un cuarto de hora

Mateo Vega Sanzo · · 4 min de lectura
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Tres pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís que laten a menos de un cuarto de hora
Las claves 5
  1. 1 Covadonga, Arriondas y Benia de Onís forman un triángulo rural a menos de quince minutos de Cangas de Onís.
  2. 2 El descenso del Sella nació en Arriondas en 1930 y sigue marcando el calendario y el orgullo local cada agosto.
  3. 3 Benia de Onís es capital de un concejo con un tercio de su superficie dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa.
  4. 4 Conviene aparcar en El Repelao o El Bosque para subir a Covadonga a pie y no colapsar el santuario.
  5. 5 El queso Gamonéu, curado en cuevas del macizo del Cornión, es la seña gastronómica más honesta de todo Onís.

A menos de quince minutos de Cangas de Onís, en el concejo homónimo y en los vecinos de Onís y Parres, se despliega un pequeño triángulo territorial. Covadonga, Arriondas y Benia de Onís no son escapadas complementarias. Son tres formas distintas de entender el Oriente asturiano.

Cada pueblo responde a una geografía propia: la cueva santuario encajada en la roca caliza, el pueblo fluvial que vive al ritmo del Sella y la capital ganadera que mira hacia el macizo del Cornión. El paisaje no se repite de uno a otro, y tampoco lo hace el paisanaje.

Quien solo visita el puente romano de Cangas y sigue de largo se pierde la mitad del territorio. Vamos a recorrer estos tres pueblos con la calma de quien conoce las carreteras secundarias, no con la prisa del que marca casillas.

La geografía física de Covadonga, Arriondas y Benia de Onís

Covadonga se asienta a unos nueve kilómetros de Cangas de Onís, en una hendidura de roca caliza abierta por el arroyo Deva. Aquí, en el año 722, comenzó la resistencia astur frente al avance musulmán, un hecho que todavía se lee en cada piedra de la Santa Cueva.

Arriondas, capital del concejo de Parres, está a solo ocho kilómetros de Cangas, en el valle donde el Sella empieza a ensancharse camino del mar. El río marca aquí el pulso del pueblo, con el puente medieval como punto de referencia para cualquier caminante.

Tres pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís que laten a menos de un cuarto de hora

Benia de Onís, capital del concejo de Onís, se sitúa a unos quince kilómetros, ya en tierras de mayor altitud. Un tercio de su territorio queda dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, lindando con Cabrales por el macizo del Cornión.

El latido de cada pueblo: senderos, rincones y paisanaje

La Santa Cueva de Covadonga. Conviene dejar el coche en el aparcamiento de El Repelao o El Bosque y subir a pie los últimos metros, evitando así el atasco habitual de la explanada del santuario. La luz de media mañana entra directa por el hueco de la roca y baña la fuente de los siete caños, donde cuenta la tradición que quien bebe se casa antes de un año.

Tres pueblos bonitos cerca de Cangas de Onís que laten a menos de un cuarto de hora

El puente sobre el Sella, en Arriondas. Desde aquí parte cada agosto el Descenso Internacional del Sella, la fiesta de las piraguas que arrancó en 1930 y que llena el pueblo de gente y sidra. Fuera de temporada alta, el mismo puente es un buen mirador tranquilo para ver el río bajar limpio hacia Ribadesella, sobre todo a primera hora, antes de que lleguen las canoas.

La ruta quesera de Benia de Onís. Un recorrido circular de unos tres kilómetros que arranca junto al Centro de Visitantes de las Montañas del Quebrantahuesos y enlaza queserías, llagares y molinos. El terreno se embarra fácil tras la lluvia, así que bota de monte y no zapatilla urbana. La ruta termina en la plaza de Benia, donde conviene llegar con hambre.

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Oficio, tierra y mesa: la despensa de Cangas de Onís, Asturias

El concejo de Onís es tierra de pastores y de altura, y de ahí sale el queso Gamonéu, curado en cuevas naturales del macizo del Cornión con un punto de humo inconfundible. Se compra directo en las queserías de la ruta de Benia, no en el primer supermercado de carretera.

En Arriondas manda el río, y con él la sidra que acompaña cada parada del descenso. Las sidrerías del centro sirven fabada y cachopo con la misma naturalidad con la que sirven una espicha, sin artificio ni cartel plastificado para turistas.

Covadonga, más allá del santuario, conserva un comercio pequeño ligado a la peregrinación, donde todavía se vende miel de brezo y embutido de la zona alta del concejo, el mismo que abastecía a los pastores antes de que llegara la carretera.

Un territorio que se entiende junto, no por separado

Covadonga, Arriondas y Benia de Onís no compiten entre sí. Se completan, como completan el paisaje la roca caliza, el cauce del Sella y la majada de altura. Cangas de Onís es solo el cruce de caminos que las une.

Quien recorre este triángulo con calma entiende algo que ninguna postal explica: el Oriente asturiano se sostiene sobre gente que sigue ordeñando, remando y subiendo a la cueva cada mañana, mucho antes de que llegue el primer autobús.

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Mateo Vega Sanzo
Escrito por Mateo Vega Sanzo

Cronista de territorio en Latitud Savia. Recorre costa, interior y pueblos de Asturias hablando con quien realmente vive el paisaje.

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