Villaviciosa se lleva la fama de la sidra y la ría, pero el concejo y su comarca reparten identidad en cuatro direcciones distintas. Hacia el norte, Tazones guarda huellas de dinosaurio bajo un acantilado y la memoria de un emperador que llegó por error. Hacia el este, ya en Colunga, Lastres cuelga sus calles de una ladera que cae directa al Cantábrico. Hacia el interior, Torazo se aferra a una altiplanicie de Cabranes sin ceder al turismo masivo, y Sietes, a un paso de la villa, concentra treinta hórreos que sostienen la memoria agraria de todo el concejo.
La geografía aquí trabaja en capas. La rasa costera con sus areniscas jurásicas moldea Tazones y Lastres, mientras que el interior gira en torno a valles ganaderos donde la piedra caliza y las praderías atlánticas sostienen la Comarca de la Sidra desde hace generaciones. Cada pueblo responde a un oficio distinto: la pesca en la costa, la emigración a América en el interior, la ganadería de leche en los valles intermedios.
Hay un estrato de arenisca donde un dinosaurio dejó marcada la huella de su cola, un pueblo que Microsoft eligió por casualidad de nombre para lanzar un sistema operativo, y una torre del siglo XV donde todavía se enciende, en la memoria colectiva, el recuerdo de la caza de la ballena. Ese es el tipo de detalle que este territorio guarda para quien se detiene más de una tarde.
La geografía que envuelve Villaviciosa: rasa jurásica y valle ganadero
El litoral de Villaviciosa y Colunga forma parte de la conocida Costa de los Dinosaurios, un tramo de acantilados de arenisca y lutita donde el mar erosiona a diario capas sedimentarias del periodo Jurásico. En Tazones, a unos 11 kilómetros de la villa por la carretera local VV-5, el Faro de Tazones se levanta a 127 metros sobre el nivel del mar en la Punta del Olivo, construido en 1864 y electrificado en 1928. Hacia el interior, la Comarca de la Sidra gana altitud en Cabranes, donde Torazo se asienta sobre una altiplanicie a 410 metros, rodeada de robledales y praderías de clima atlántico con una temperatura media anual cercana a los 12 grados.
Esta diferencia de cota explica por qué el paisanaje nunca fue uniforme en la comarca. Pescadores y balleneros en Tazones y Lastres, indianos que volvieron de Cuba y Argentina a levantar casonas en Torazo y Sietes, y una ganadería de leche que todavía reparte el verde entre hórreos y manzanales.
El latido de los pueblos cerca de Villaviciosa: paisanaje, piedra y mar
Tazones, el puerto donde un emperador naufragó por error
Tazones se divide en dos barrios, San Miguel y San Roque, separados por la carretera que baja desde el aparcamiento gratuito de la entrada. Conviene dejar el coche ahí arriba, sin invadir las cuestas estrechas del pueblo, y bajar a pie hasta el puerto. La Casa de las Conchas, con su fachada cubierta de moluscos bivalvos agrupados por tamaño, se encuentra en el barrio de San Roque. En el pedrero de la playa, a unos 120 metros del panel explicativo y solo accesible en marea baja, se conservan icnitas tridáctilas de dinosaurios bípedos; junto al faro, un estrato inclinado hacia el mar guarda una rara huella de arrastre de cola, testimonio de un animal que rompió su costumbre de caminar con la cola erguida. El 19 de septiembre de 1517 el joven Carlos de Habsburgo, futuro Carlos V, desembarcó aquí por accidente, empujado por el mal tiempo; el pueblo recrea el episodio cada agosto en una fiesta declarada de Interés Turístico Regional.

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Lastres, el anfiteatro que la ficción rebautizó San Martín del Sella
Ya en el concejo de Colunga, Lastres cae sobre el mar en calles tan empinadas que muchas se resuelven en escaleras de piedra. El Mirador de San Roque, junto a una capilla del siglo XVII que antes servía para vigilar el paso de las ballenas y avisar con hogueras a los pescadores, ofrece la panorámica completa del puerto y, en días claros, de los Picos de Europa. La Torre del Reloj, levantada en el siglo XV como torre vigía, incorporó un reloj inglés en 1751 y hoy funciona como campanario. El Barrio de los Balleneros, el más antiguo del pueblo, conserva el trazado que baja hacia la playa de El Escanu. Aquí se rodó la serie Doctor Mateo entre 2009 y 2011, y el pueblo aparece rebautizado en la ficción como San Martín del Sella; conviene aparcar junto a la iglesia de Santa María de Sábada y bajar el casco antiguo a pie, porque el aparcamiento en el centro escasea.

Torazo, el pueblo ejemplar que Cabranes no quiso cambiar
A unos 400 metros de altitud, en el concejo de Cabranes, Torazo recibió en 2008 el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias de la Fundación Princesa de Asturias, y forma parte de la red de Los Pueblos más Bonitos de España. Sus calles empedradas, de apenas 850 metros de recorrido total, mezclan hórreos y paneras sostenidos sobre pegoyos con casonas indianas de fachadas coloridas, herencia de los vecinos que emigraron a América y volvieron con otra idea de casa. La iglesia de San Martín, de estilo manierista con bóvedas de crucería, corona la parte alta del pueblo; conviene aparcar junto a la Hostería de Torazo y recorrer el resto a pie, porque el casco no admite bien el tráfico. En días despejados, desde los altos del pueblo se ven los Picos de Europa.

Sietes, el pueblo de los hórreos que confundió a Microsoft
A unos 11 kilómetros de Villaviciosa, Sietes pasó de 650 vecinos en 1928 a poco más de 40 en 2008, víctima de la emigración primero a América y después a Oviedo y Gijón. Lo que queda es, según quienes lo visitan, el pueblo de los hórreos por excelencia de la comarca: unos 30 ejemplares, el más antiguo del siglo XVI, tallados con el estilo decorativo propio de Villaviciosa. La Iglesia de San Emeterio, construida en 1555 por encargo del bachiller Fernando Suárez del Canto, es uno de los pocos ejemplos de arquitectura renacentista de Asturias y está declarada Bien de Interés Cultural.
En 2009 Microsoft eligió el pueblo, por la coincidencia con el nombre de su sistema operativo, para lanzar Windows 7 en España; todavía se recuerda el ordenador instalado en el chigre local aquel verano. Conviene ir entre semana y caminar despacio: el pueblo se recorre entero en menos de una hora, pero cada hórreo tiene una talla distinta que merece pararse a mirar.
Oficio, tierra y mesa: la despensa de Villaviciosa y su comarca, Asturias
La Comarca de la Sidra vive del manzano y de la vaca casi a partes iguales. En los valles que rodean Torazo y Sietes, las praderías atlánticas sostienen una ganadería de leche que abastece pequeñas queserías locales, más fáciles de encontrar preguntando en el mercado semanal de Villaviciosa que en cualquier buscador.
En la costa, Tazones y Lastres mantienen lonjas activas donde el pescado entra cada mañana; en Lastres, el puerto pesquero de origen ballenero sigue trayendo diariamente marisco y pescado fresco a la lonja, mientras que en Tazones el arroz con bogavante se ha convertido en la comanda casi obligada de quien pasa por el puerto. Los llagares de la comarca, repartidos entre Villaviciosa, Nava y los pueblos del interior, siguen prensando la manzana con las mismas variedades autóctonas que dan a la sidra asturiana su carácter ácido y espumoso.
Un territorio que no necesita fecha señalada
Ninguno de estos cuatro pueblos exige coincidir con una fiesta patronal ni con el rodaje de una serie para entenderse. La rasa jurásica de Tazones, la ladera marinera de Lastres, la altiplanicie ejemplar de Torazo y los hórreos centenarios de Sietes cuentan, cada uno a su manera, la misma historia de un territorio que vive entre el mar que erosiona la roca y el valle que sostiene el manzano. Quien recorre estos cuatro pueblos en un solo día entiende algo de la Comarca de la Sidra que ningún cartel turístico explica solo.