Hay una hora, al amanecer sobre el embalse de Tanes, en la que la niebla baja del Parque Natural de Redes y se tiende sobre el agua como si quisiera tapar algo. Y algo tapa, en efecto. Bajo esa superficie quieta y verde oscuro duermen los muros de Llorío, los puentes de arco de Coballes y los troncos de árboles que nadie cortó porque ya no había nadie para cortarlos.
En 1978, el embalse se llenó por primera vez. Las familias que vivían en las tierras bajas del valle ya se habían marchado, con lo que pudieron llevarse y con lo que no pudieron. Las fincas fértiles, los hórreos de los márgenes del río, los caminos de piedra que unían las aldeas quedaron bajo el agua que hoy abastece a media Asturias.
Cuando el nivel baja, el valle recuerda. Los esqueletos de los muros suben desde el fondo con lentitud, tapizados de lodo seco, y el embalse deja de ser un embalse para convertirse en algo más difícil de nombrar: un archivo sumergido que abre sus páginas solo en determinadas condiciones y solo para quien sabe dónde mirar.
El secreto sumergido bajo el Parque Natural de Redes
El embalse de Tanes ocupa la cuenca alta del río Nalón, en los concejos de Caso y Sobrescobio, dentro del Parque Natural de Redes. El parque suma más de 37.000 hectáreas de hayedos, bosques atlánticos y roca caliza que la UNESCO reconoció como Reserva de la Biosfera, una figura que regula cualquier actividad dentro de sus límites y que ha mantenido este territorio alejado del turismo de masa.

Esa protección tiene una consecuencia directa para el viajero: el paisaje del embalse no está domesticado. No hay paseos asfaltados junto al agua, no hay chiringuitos en la orilla, no hay señales que expliquen lo que se ve. Lo que emerge cuando baja el nivel lo interpreta cada uno con lo que sabe o con lo que imagina.
El embalse de Rioseco, vecino al de Tanes y también dentro del parque, completa un sistema hidráulico que transformó para siempre la geografía de estos valles. Juntos almacenan el agua del Nalón en su nacimiento, antes de que el río baje hacia el centro de Asturias y atraviese la cuenca minera.
Qué queda del antiguo Llorío y los valles inundados
Llorío fue el núcleo que más perdió en la parte baja: sus mejores fincas, las estructuras más próximas al cauce y varios elementos de arquitectura rural tradicional quedaron bajo el nivel de embalse. Lo que emerge en los períodos de estiaje son los cimientos y los muros bajos de esas construcciones, suficientes para leer el trazado de lo que fue pero no para reconstruirlo por completo.
Los puentes de arco de Coballes son el elemento más fotogénico cuando aparecen. Construidos en piedra caliza con la proporción justa para salvar el antiguo cauce, salen del agua con una presencia que ningún puente nuevo tiene: llevan décadas en el fondo y lo acusan en cada sillar.
Los troncos secos que jalonan la orilla cuando el nivel baja son los restos de arbolado que quedó in situ al llenarse el embalse. El agua los preservó durante años y el aire los fue secando cada vez que quedaron expuestos. Hoy son parte del paisaje, grises y verticales, como marcadores de un tiempo que el embalse no terminó de borrar del todo.
Cuándo y cómo ver el efecto espejo del pueblo fantasma
La mejor ventana es el final del verano, cuando el embalse lleva meses evaporando y el nivel alcanza su mínimo anual. En años de sequía marcada, la superficie puede bajar lo suficiente para que los muros más altos de Llorío emerjan varios metros sobre el agua. En años húmedos, apenas asoman.
El amanecer multiplica el efecto. La niebla de valle flota sobre la superficie, la luz entra rasante desde el este y los muros mojados brillan con una textura que el sol de mediodía aplana completamente. Quien llegue a las ocho de la mañana con el nivel bajo verá algo distinto a quien llegue a mediodía con el mismo nivel.
Conviene consultar el estado del embalse antes de desplazarse. La Confederación Hidrográfica del Cantábrico publica datos de nivel actualizados en su web, y la diferencia entre un año con reservas altas y uno con reservas bajas puede ser la diferencia entre ver agua y ver historia.
Kayak y senderismo: cómo explorar el embalse de Tanes
Kayak o canoa sobre las ruinas. Navegar sobre el embalse de Tanes permite remar literalmente por encima de las antiguas fincas de Llorío y acercarse a los muros sumergidos desde una perspectiva que la orilla no da. El fondo, cuando el agua está clara y la luz entra en ángulo, deja ver las estructuras a varios metros de profundidad.
Para navegar dentro del Parque Natural de Redes es necesario presentar declaración responsable ante la Confederación Hidrográfica del Cantábrico o contratar una empresa local con autorización vigente. No es un trámite que pueda saltarse: el parque está regulado y las inspecciones son reales. Las empresas de turismo activo de Caso gestionan el papeleo y conocen las zonas con mejor visibilidad de las ruinas según el nivel del momento.
Senderismo perimetral desde Coballes. Los caminos que bordean el embalse por la orilla de Sobrescobio conectan con tramos de la Ruta del Alba y con senderos locales que ofrecen miradores hacia las zonas donde emergen las estructuras. El acceso desde la ría de Coballes es el más directo para alcanzar los puntos de vista fotográficos sobre los puentes de arco.
El terreno es irregular y se encharca con facilidad en los tramos próximos a la orilla, donde el suelo alterna entre barro seco y roca mojada según la última variación del nivel. Botas de montaña con membrana impermeable, no zapatillas de deporte. El camino compensa el calzado.
Las mejores imágenes se consiguen desde los altos de la orilla sur, donde el encuadre permite meter en el mismo plano el agua, los muros que emergen y el hayedo del Parque de Redes al fondo. Es el tipo de fotografía que no necesita filtro porque el territorio ya lo pone todo.
Llorío, Coballes, Tanes. Nombres que los mapas actuales sitúan bajo una cota de agua. Los vecinos que se marcharon en los setenta llevan décadas viviendo en otras partes de Asturias, pero algunos de sus hijos vuelven al embalse cuando el nivel baja, no a buscar nada concreto, sino a ver si todavía se reconoce algo desde la orilla.
El valle guarda todo lo que le dejaron. Y de vez en cuando, cuando el agua baja lo suficiente, lo devuelve un rato.