Hay calles que se adivinan por sus edificios. Esta se adivina por su olor, o por el que tuvo hace ochocientos años. Te dejamos cinco pistas, de la más sencilla a la más enrevesada, para que la sitúes antes de seguir leyendo.
Ya sabes qué calle es por el título. Lo que no sabes es cuánto esconde: cinco datos, de menor a mayor sorpresa, que pocos ovetenses recitan de memoria. Cinco datos, una sola calle: sastres, cardenales y disparos conviven en menos de cien metros de piedra.
La Calle del Rosal conecta la calle Jesús con Santa Susana, en el corazón de Oviedo. Es una de las vías más antiguas de la ciudad, documentada ya en el siglo XIII, y su nombre esconde tantas capas como el empedrado que hoy pisan los turistas.
El nombre que nació entre rosales y sastres
Un documento de 1237 ya cita esta vía junto al vecino Fontán, aunque todavía sin nombre propio. La tradición local atribuye el topónimo a los rosales que crecían en los terrenos donados por doña Velasquita Giráldez, conocida como «doña Balesquida», a la Cofradía de los Sastres. Los artesanos levantaron allí sus casas, y las flores dieron nombre a la calle mucho antes de que existiera el asfalto.
Hacia 1362 un documento municipal ya recoge el nombre actual, al ceder un solar «en rosal» a un vecino de Latores. (Y sí, ese detalle notarial es el que permite fechar el bautismo de la calle con precisión de archivo).
De peñascal medieval a calle burguesa
Hasta el siglo XVII, el tramo alto de la calle era un camino pedregoso e irregular, sin apenas comunicación con el resto de la trama urbana.
Las casas de los números pares lucían soportales y voladizos al modo asturiano. Una sentencia de la Real Audiencia los mandó derribar en 1805, dejando una fachada más regular pero menos castiza.
En la parte alta se alzaba la capilla de Santa Susana, un obstáculo tan molesto para el tránsito que fue desmontada en 1857, reconstruida en una esquina y finalmente demolida en 1947.
Vecinos con nombre propio
El Rosal no solo alojó a sastres y comerciantes. Por sus pensiones y casas pasaron perfiles que hoy sorprenderían a cualquier viajero atento a las placas.
- Francisco Franco, siendo aún comandante, se hospedó en una pensión de la calle, años antes de convertirse en la figura que marcaría el siglo XX español.
- Salvador Díaz Ordóñez, general de artillería, tuvo también aquí su residencia.
- El cardenal Victoriano Guisasola y Menéndez figura entre los vecinos célebres de la calle.
(Una calle de sastres que terminó dando cobijo a un futuro jefe de Estado y a un cardenal tiene, cuando menos, buena mano para las biografías inesperadas).
Cuando el Rosal cambió de nombre y de bando
En el siglo XIX, el Ayuntamiento sustituyó el nombre popular por el de Félix Cantalicio de la Vallina, exalcalde y presidente de la Diputación fallecido en 1892. La rotulación oficial cambió, pero los vecinos siguieron llamándola Rosal por costumbre.
El nombre municipal se mantuvo hasta 1937, en plena Guerra Civil, cuando la calle recuperó su denominación tradicional. Apenas tres años antes, durante la Revolución de Asturias de 1934, el centro de la ciudad se convirtió en frente de combate: barricadas y tiroteos se sucedieron en las calles que rodean el Fontán, a las puertas mismas del Rosal.
Qué ver hoy en la Calle del Rosal
- Cruce con el Fontán: punto de partida natural, junto al mercado más antiguo de la ciudad.
- Fachadas restauradas: algunas casas conservan el aire de las reformas decimonónicas.
- Antiguo emplazamiento de Santa Susana: la esquina donde estuvo la capilla hasta 1947.
- Ambiente de bares: desde los años 60, la calle compite con San Bernabé en animación nocturna.
- Conexión con Cabo Noval y Suárez de la Riva: ideal para enlazar con otras rutas del casco histórico.
¿Te imaginas cruzarte, sin saberlo, con un futuro cardenal y un futuro comandante en la misma pensión de esta calle?