Jesús Calleja no busca refugio en paisajes exóticos cuando necesita volver a empezar. Lo encuentra en Bulnes, una aldea del concejo de Cabrales a la que solo se llega a pie o en funicular, encajada bajo la sombra del Naranjo de Bulnes.
Fue aquí donde el presentador aprendió a escalar, mucho antes de convertirse en uno de los rostros más reconocibles de Mediaset. Bulnes no tiene carretera. Tiene un desnivel de piedra, un río que baja con fuerza desde Poncebos y una pared caliza que ha puesto a prueba a montañeros de medio mundo.
Calleja ha recorrido el Himalaya, la Patagonia y decenas de rincones remotos del planeta. Pero cuando habla de este valle asturiano lo hace con una voz distinta, la de quien vuelve a casa y no a un decorado de rodaje.
Bulnes, el pueblo que enseñó a escalar a Jesús Calleja
Bulnes se divide en dos barrios, La Villa y El Castillo, separados por el cauce del río Tejo y comunicados por un antiguo camino de herradura. Durante décadas fue uno de los núcleos habitados más aislados de España, hasta que en 2001 se inauguró el funicular que hoy conecta la aldea con Poncebos en apenas siete minutos.
El Naranjo de Bulnes, conocido también como Picu Urriellu, se alza sobre el pueblo con sus 2.519 metros de altitud. Su cara oeste, una pared vertical de 550 metros, es referencia obligada para cualquier escalador que se precie en la Cordillera Cantábrica.
Calleja lo tiene claro cuando habla de este territorio: «Es uno de los lugares más bonitos de España, el paisaje que me ha acompañado toda mi vida y al que siempre vuelvo para escalar y reencontrarme con viejos amigos», ha confesado en más de una ocasión. Añade que son «viejos lugares que me llenan de energía y buenos recuerdos».
El presentador ha vuelto varias veces a este macizo dentro de su programa Desafío Extremo, en Cuatro. En uno de esos capítulos afrontó la ascensión al Picu Urriellu por su cara oeste tras un mes y medio de entrenamiento físico y mental, durmiendo junto a sus compañeros al borde del vacío durante la escalada.
Qué ver y hacer cerca de Bulnes, en Cabrales
Mirador de Camarmeña. Desde este pueblo, a las puertas del Parque Nacional, se obtiene una de las vistas más limpias del Naranjo de Bulnes sin necesidad de subir hasta la base de la pared. El camino hasta allí ya adelanta el silencio que espera más arriba.
Garganta de Poncebos. Punto de partida del funicular y también de la Ruta del Cares, uno de los senderos más conocidos de la Cordillera Cantábrica. El desfiladero excavado junto al río deja paredes de roca a ambos lados y tramos abiertos en la propia montaña.
Valle de la Lechada. El rincón por el que Calleja siente predilección especial dentro de este territorio. Un espacio de pastos altos y roca desnuda donde ha vuelto a escalar junto a los amigos con los que empezó, lejos del ruido y de cualquier cámara.
Repoblación de buitres quebrantahuesos. En la zona trabajan equipos dedicados a la recuperación de esta especie, prácticamente extinguida en los Picos de Europa durante el siglo pasado. Verlos sobrevolar el macizo es uno de los gestos silenciosos que mejor resumen el trabajo de conservación del parque.

Dónde comer en Bulnes, Asturias
En Bulnes, la oferta gastronómica es pequeña y honesta, pensada para quien llega tras horas de camino. Casa Cipriano, con más de cuarenta años de historia en el barrio de La Villa, sigue siendo la referencia para quien busca un plato de cuchara y una cama sencilla antes de subir al Naranjo.
El queso de Cabrales, con Denominación de Origen Protegida, se elabora en cuevas naturales del concejo con leche de vaca, oveja y cabra según la temporada. Su versión ahumada, típica de estos valles altos, es la que Calleja ha recomendado probar tras las jornadas de escalada más duras.
Para quien baje hasta Arenas de Cabrales, capital del concejo, cualquier chigre del pueblo sirve fabada y cachopo con la misma naturalidad con la que se sirve la sidra, escanciada sin ceremonia, como parte del ritual diario.
¿Se puede aprender a escalar en cualquier sitio? Se puede. Pero pocos lugares enseñan, además, a volver.