Larry Shy lleva tres años recorriendo España con la misma pregunta en la cabeza: dónde se conserva lo auténtico. Esta vez la respuesta lo llevó a Ribadesella, un concejo de la costa oriental asturiana donde el río Sella desemboca frente al Cantábrico. Nada de rutas cerradas ni horarios de guía. Solo el casco histórico, el puerto y una tienda de souvenirs que terminó regalándole un chaleco.
Ribadesella no vive del turismo de paso. Vive del pescado que baja cada mañana a la lonja y de las sidrerías que abren en el mismo local desde hace generaciones. El casco viejo, apretado entre la ría y el monte, conserva casas de indianos y calles donde el olor a salitre se mezcla con el de la sidra recién escanciada.
Lo que descubrió Larry Shy en apenas un paseo por la villa marinera explica por qué este influencer de Michigan sigue tatuándose ciudades españolas en el brazo. Y por qué, esta vez, se llevó algo más que una foto para el carrete.
El lugar que eligió Larry Shy: el casco histórico de Ribadesella
El paseo de Larry Shy empezó donde empieza casi todo en Ribadesella: el Paseo del Muelle, con el río Sella a un lado y las casas de colores del casco viejo al otro. Desde ahí se ve la playa de Santa Marina, con su arena fina y el puente que separa La Villa del barrio de Sotu.
Ribadesella celebra desde 1930 el Descenso Internacional del Sella, la prueba de piragüismo más veterana de España. El pueblo entero se organiza alrededor de esa fecha, primer sábado de agosto, cuando miles de personas bajan hasta la orilla a ver llegar las piraguas.
Larry Shy no llegó en fiestas. Llegó en un día cualquiera, cuando el pueblo enseña su rutina sin adornos: pescadores descargando la lonja, vecinos charlando en el Paseo de la Grúa, sidra escanciándose en las terrazas del casco histórico.
Qué ver y hacer cerca del casco histórico de Ribadesella
Cuevas de Tito Bustillo: declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008, guardan pinturas rupestres de más de 20.000 años de antigüedad. El acceso es limitado y con reserva previa, así que conviene planificar la visita con días de margen.
Playa de Santa Marina: arena que rara vez calienta, incluso en agosto, y vistas directas a la desembocadura del Sella. Es la playa donde entrena buena parte del piragüismo local, así que no es raro cruzarse con palistas al amanecer.
Tienda Arrecife, en el casco viejo: un pequeño comercio de souvenirs que vende, entre otras cosas, chalecos bordados con el escudo del concejo. Fue ahí donde Larry Shy recibió el suyo, el mismo que ya luce en sus últimas publicaciones.
Dónde comer en Ribadesella, Asturias
La sidrería El Campanu, en pleno puerto, es la parada casi obligada para quien busca pescado y marisco recién bajado de la lonja. Su terraza mira directamente al Sella y suele llenarse los fines de semana.
Menos conocida, pero igual de fiel a la tradición riosellana, es La Portiella, en la aldea de Tereñes, a tres kilómetros del centro. Ahí se sirve cachopo, fabada y sidra natural en un merendero al aire libre con vistas al Cantábrico.
Larry Shy, que en otros concejos asturianos ya se ha tatuado nombres de ciudades que ama, no necesita mucho para rendirse ante un buen producto. En Ribadesella ese equivalente es la sidra bien escanciada y el pescado de temporada: el mismo criterio que él lleva defendiendo desde hace años, aplicado a una villa marinera con siglos de oficio.
Larry Shy ha entendido algo que muchos visitantes tardan años en aprender: Ribadesella no se enseña, se recorre despacio. Si buscas lo mismo que encontró él, empieza por el Paseo del Muelle, sigue hasta Santa Marina y termina en una sidrería cualquiera del casco viejo. El chaleco, si tienes suerte, te lo ganas tú también.