El queso asturiano que cambia de carácter según pasan los días: ¿lo prefieres suave o intenso?

El queso La Peral de Illas, comarca de Avilés, cambia desde que lo compras hasta que lo terminas. Qué ocurre dentro, cómo distinguir el semiazul del azul y con qué tomarlo.

Latitud Savia · · 4 min de lectura
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Queso La Peral elaborado en Illas (Asturias), un queso azul asturiano de leche de vaca con textura cremosa, veteado de Penicillium y maduración artesanal.

Cuña de queso La Peral con su característico veteado azul, elaborado artesanalmente en Illas (Asturias) con leche pasteurizada de vaca y mohos nobles. La imagen ilustra la textura cremosa y la evolución de su maduración, dos de las características que distinguen a este emblemático queso azul asturiano.

Las claves 5
  1. 1 El queso La Peral se elabora en Illas, comarca de Avilés, con leche pasteurizada de vaca y mohos nobles seleccionados.
  2. 2 El semiazul es joven y cremoso; el azul completo tiene más carácter, persistencia en boca y un leve picante al final.
  3. 3 El queso sigue madurando después de comprarlo: los días en tu nevera cambian lo que tienes en el plato.
  4. 4 Las manchas azuladas no son defecto sino el trabajo visible del Penicillium sobre la pasta interior del queso.
  5. 5 A temperatura ambiente y con sidra de hielo o vino dulce, la untuosidad del La Peral alcanza su punto justo.

Compras una pieza de queso La Peral el lunes. El viernes, cuando la abres de nuevo, no es exactamente el mismo queso. Las manchas azuladas han avanzado, la pasta ha ganado untuosidad y el olor ha subido un grado. No es que se haya estropeado. Es que sigue vivo.

Eso es lo primero que hay que entender sobre este queso de Illas.

Illas: dónde empieza el queso

El concejo de Illas está en la comarca de Avilés, a menos de veinte kilómetros del mar Cantábrico. Es territorio de prados húmedos, aldeas pequeñas y una densidad de población que no invita al paso rápido. La quesería La Peral lleva elaborando queso azul en este entorno desde principios del siglo XX, con una continuidad familiar que no es un argumento de venta sino un hecho verificable en los registros del concejo.

El entorno importa porque la leche pasteurizada de vaca que entra en cada pieza viene de un territorio concreto, con un clima concreto y una tradición ganadera que no es intercambiable con la de otro lugar. Un queso azul industrial puede elaborarse en cualquier nave. Un La Peral solo puede elaborarse donde se elabora.

Qué ocurre dentro del queso

El proceso comienza con leche pasteurizada de vaca a la que se añaden fermentos lácteos y mohos nobles seleccionados, específicamente cepas de Penicillium. Ese moho no actúa en la superficie, como en un Brie o un Camembert, sino en el interior de la pasta. Para que pueda desarrollarse necesita oxígeno, así que las piezas se perforan con agujas durante la maduración. Esos canales internos son los que permiten que el moho recorra la pasta y cree las vetas azuladas que caracterizan al queso.

El resultado visible, esas manchas que van del verde al azul oscuro según la zona de la pieza, no es un defecto de elaboración. Es el mapa del trabajo del Penicillium sobre la pasta. Cuantas más vetas, más avanzada la maduración y más complejo el perfil organoléptico.

La diferencia entre semiazul y azul

El queso La Peral se comercializa en dos estados de maduración con características claramente distintas.

El semiazul es una pieza joven. La pasta es más blanca, más compacta y más cremosa al corte. El Penicillium ha empezado su trabajo pero no lo ha completado. En boca es delicado, con una acidez láctea limpia y poca persistencia. Es el punto de entrada para quien no está familiarizado con los azules.

El azul completo tiene más tiempo de cueva. La pasta es más abierta, con mayor presencia de vetas, y la untuosidad aumenta hasta que el queso casi se funde en el paladar a temperatura ambiente. El perfil es más intenso, con un bouquet que mezcla notas de mantequilla madurada, tierra húmeda y un leve picante que aparece al final y persiste. No es agresivo; es redondo. Pero tiene carácter.

El queso que sigue madurando en tu nevera

Una pieza de La Peral comprada hoy no es la misma pieza dentro de diez días. El Penicillium no se detiene al salir de la quesería. A temperaturas de entre cuatro y ocho grados, el proceso continúa a ritmo lento. Las vetas avanzan, la pasta se ablanda progresivamente y el olor se intensifica.

Eso da al consumidor una variable que pocos quesos ofrecen: el control del punto. Si prefieres el semiazul, consúmelo en los primeros días. Si quieres más carácter, déjalo envuelto en papel encerado, no en film, en la parte menos fría de la nevera y espera. Cada tres o cuatro días, abre y prueba. El queso te dirá cuándo ha llegado a donde quieres.

Cómo disfrutarlo

El La Peral necesita salir de la nevera al menos treinta minutos antes de consumirlo. A temperatura ambiente, entre 16 y 18 grados, la pasta alcanza la untuosidad correcta y los aromas se abren. Frío de nevera, la grasa está compacta y el bouquet se cierra. No es el mismo queso.

Para el maridaje, la sidra de hielo asturiana es el acompañamiento más preciso que existe. La acidez y el dulzor concentrado de una sidra como la Valverán 20 Manzanas compensan la intensidad del azul sin aplastarlo. Un vino dulce tipo Sauternes o un Pedro Ximénez funcionan por la misma lógica: dulzor que equilibra, no que compite.

Con quesos de esta intensidad, los frutos secos tostados, nuez o avellana, añaden textura sin robar protagonismo. Una mermelada de higo o membrillo al lado del plato es opcional; el La Peral no necesita muletas para sostenerse.

En Illas, a veinte kilómetros de Avilés, el moho sigue trabajando dentro de cada pieza que sale de la quesería. Lo que llega a tu mesa no es un producto terminado. Es un proceso que tú decides cuándo parar.

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Latitud Savia
Escrito por Latitud Savia

Firma colectiva de Latitud Savia para piezas de última hora, actualizaciones y contenido elaborado conjuntamente por la redacción.

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