No es una cuestión de kilos, es una cuestión de memoria. Durante décadas, el paladar de Candamo se acostumbró al fresón comercial, una fruta pensada para el transporte y el escaparate, sin el perfume que definió la infancia de varias generaciones en el concejo.
Recuperar la fresa tradicional no fue un capricho de etiqueta. Fue un proyecto científico que tardó años en dar fruto, literalmente, y que hoy vuelve a plantarse en las huertas de Candamo.
Tres instituciones, un huerto piloto en Grullos
El convenio arrancó en noviembre de 2015 entre el Ayuntamiento de Candamo, la Universidad de Oviedo y el SERIDA, el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agrario. El presupuesto rondó los 41.000 euros, financiados por el propio concejo.
El primer paso fue casi de rastreo: técnicos recorrieron los pueblos de Candamo recogiendo esquejes de la fresa que aún sobrevivía en huertos familiares. Reunieron alrededor de una decena de variedades distintas, procedentes de otros tantos pueblos del concejo.
La planta estaba muy debilitada por patógenos, hongos, bacterias y virus acumulados durante décadas de cultivo sin control sanitario. La Universidad de Oviedo se encargó de limpiarla y multiplicarla en laboratorio, mediante cultivo in vitro, hasta lograr ejemplares sanos.
El SERIDA tomó el relevo para caracterizar la planta y el fruto durante varias temporadas, hasta seleccionar los tipos que mejor se adaptaban al terreno de Candamo. En diciembre de 2018 se hizo la primera plantación municipal de prueba en Grullos.
Del laboratorio a las manos de los vecinos
El proceso no terminó en el huerto piloto. La planta permaneció allí varios años en observación, hasta que en septiembre de 2021 se extrajeron esquejes que se llevaron a Viveros Los Molinos para su reparto.
Desde entonces, el Ayuntamiento entrega lotes de plantas a los vecinos que quieren cultivarla, con prioridad para quienes cedieron ejemplares originales o participan en el Festival de la Fresa. En 2023 ya eran 75 los vecinos que cultivaban de nuevo la variedad tradicional.
Un técnico del SERIDA que participó en el proyecto explicaba que el secreto de esta fresa está en recogerla en su punto exacto de maduración, algo que ninguna variedad de invernadero puede permitirse.
Por qué esta fresa sabe distinto
El fresón comercial se mide en tamaño y vida útil en la estantería. La fresa de Candamo juega otra partida: pequeña, extremadamente perecedera, con un aroma que llena el aire antes de llegar a la boca.
No admite recolección temprana. Necesita un tono rojo uniforme para dar su mejor dulzor, un ritmo que marca el sol de los valles del Nalón y no ninguna cámara frigorífica.
El SERIDA sigue trabajando en la caracterización de la variedad con vistas a una futura inscripción oficial que garantice a los productores un material de siembra certificado. De momento, lo que hay es huerto, esqueje y paciencia.
Dónde probarla en Candamo
El mejor momento coincide con la Fiesta de la Fresa, en Grullos, el primer domingo de junio, donde los productores del concejo compiten por la Fresa de Oro, Plata y Bronce.
Fuera de esas fechas, la fresa de Candamo aparece en la carta de temporada de restaurantes del concejo como El Llar de Viri, en San Román, que trabaja con huerta propia y producto de proximidad.
La huerta que casi se perdió vuelve a dar fruto en Candamo. No como reliquia de museo, sino como algo que se planta, se cuida y, sobre todo, se come en su punto.