El cementerio asturiano que solo existe cuando sube la marea: el misterio del Barquero de las Almas en Llanes

En Llanes, un camposanto del XVIII se convierte en isla con la pleamar. La historia real detrás del templo flotante de Niembro.

Mateo Vega Sanzo · · 5 min de lectura
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El cementerio asturiano que solo existe cuando sube la marea: el misterio del Barquero de las Almas en Llanes
Las claves 5
  1. 1 El cementerio de Niembro se levanta sobre una península de la ensenada de El Vau, en Llanes.
  2. 2 La leyenda del Barquero de las Almas nace de los traslados reales de féretros en barca durante temporales.
  3. 3 La iglesia de Nuestra Señora de los Dolores data de 1794 y se financió con fondos de indianos en Puebla y Lima.
  4. 4 La imagen del templo flotante solo se logra consultando la tabla de mareas y llegando en pleamar.
  5. 5 Forma parte del itinerario cultural Llanes de Cine, escenario de El Abuelo y de la serie La Señora.

El cementerio de Niembro ocupa una pequeña península dentro de la ensenada de El Vau, en el concejo de Llanes, Asturias. No hay otro camposanto en la costa cantábrica que dependa tanto de la tabla de mareas para mostrar su verdadera cara.

Aquí la geografía manda sobre la piedra. La iglesia de Nuestra Señora de los Dolores y su recinto funerario se edificaron en 1794 sobre un promontorio que la ría rodea por completo cuando el Cantábrico sube, y que deja al descubierto arena y barcas encalladas cuando baja.

El paisano llanisco lleva generaciones contando la misma historia junto a estos muros: la del barquero que cruzaba la ría con un ataúd a bordo cuando el temporal cerraba el camino de tierra. Esa estampa real, repetida durante siglos, terminó convirtiéndose en leyenda.

La geografía de Niembro: una península que la ría convierte en isla

La ensenada de El Vau forma una bahía cerrada donde el río que baja de las brañas interiores se encuentra con el mar abierto de Llanes. El cementerio ocupa el extremo de una lengua de tierra que se adentra en ese estuario, apenas unos metros sobre el nivel del agua.

Con la pleamar, el agua cubre por completo el istmo de acceso y el recinto queda aislado, convertido en un espejo donde se duplican los nichos blancos y los cipreses oscuros. Con la bajamar, la misma península recupera su condición de tierra firme, rodeada de arena y de barcas que la marea deja varadas sin ceremonia.

Ese contraste entre dos paisajes en un mismo punto, separados por apenas seis horas de reloj lunar, es lo que ha convertido a este rincón de Llanes en una referencia dentro del itinerario cultural Llanes de Cine.

El cementerio asturiano que solo existe cuando sube la marea: el misterio del Barquero de las Almas en Llanes

El latido del lugar: la leyenda, el rodaje y el detalle que pocos buscan

El Barquero de las Almas. Durante los temporales de invierno, el camino de tierra hacia Niembro quedaba cortado y los vecinos de los pueblos próximos trasladaban a sus difuntos en pequeñas barcas de madera cruzando la ría en niebla cerrada. Esa imagen, repetida generación tras generación, dio forma a la figura del barquero que cruza a las almas hacia su descanso.

El plató de José Luis Garci. El director oscarizado rodó aquí escenas centrales de El Abuelo en 1998, con Fernando Fernán Gómez paseando junto a los muros que la ría abraza. Antes, en 1984, el asturiano Gonzalo Suárez ya había filmado Epílogo entre estas mismas tumbas, y más recientemente TVE convirtió el recinto en telón de fondo recurrente de La Señora.

La hora exacta de la pleamar. Quien llega con la marea baja se encuentra un paisaje de arena y quilla varada, nada parecido a la fotografía que circula en redes. Conviene consultar antes la tabla de mareas de Llanes y planear la visita con el agua ya alta, porque la ilusión del templo flotante dura solo el rato que la ría tarda en volver a vaciarse.

Oficio, tierra y mesa: la despensa de Niembro, Asturias

La misma ría que rodea el cementerio alimenta, un poco más adentro, las marismas donde se cría el marisco de roca que abastece los chigres de la zona: percebe, oricio y navaja según la temporada, siempre sujetos al mismo calendario lunar que dibuja el templo flotante.

Niembro pertenece a una franja de Llanes donde la vaca asturiana de los valles interiores baja a pastar cerca de la rasa costera, y esa mezcla de leche de monte y salitre marino explica la fama de los quesos artesanos que se elaboran en las queserías próximas al concejo. La sidra, como en todo el oriente asturiano, sigue siendo el escanciado obligado en cualquier chigre de Llanes o de Niembro mismo, servida en corro y sin prisa.

Más allá de Niembro: la ruta de los cementerios marinos

Si la visita a Niembro deja ganas de más misterio salino, la costa asturiana guarda otros miradores hacia la eternidad, repartidos entre el centro y el occidente del territorio.

El cementerio de Luarca. Se asienta sobre la Atalaya, un acantilado vertical que cae en línea recta sobre el mar. Sus panteones modernistas, de blanco impoluto, contrastan con el azul cerrado del Cantábrico, y entre sus tumbas descansa el asturiano Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina.

El cementerio de Ballota, en Cudillero. Un camposanto parroquial pequeño y sin adornos, donde los muros de piedra separan las tumbas de una caída directa hacia la playa de Ballota. Es punto de paso del Camino de Santiago del Norte, y el peregrino que se detiene aquí escucha el oleaje romper contra las rocas con una fuerza que sube desde la playa hasta las lápidas.

El cementerio de Tazones, en Villaviciosa. Colgado en la ladera del puerto pesquero donde desembarcó Carlos V en su primer viaje a España, dispone sus tumbas en terrazas escalonadas frente a los barcos de madera que entran a puerto. Es la imagen más directa de la comunión entre el marinero y el mar que le dio de comer toda la vida.

Un paisaje que se mide en mareas, no en kilómetros

Niembro no se entiende con un mapa fijo, se entiende con una tabla de mareas en la mano y paciencia para esperar el momento exacto. El territorio, aquí, decide cada seis horas si enseña una isla o una península, y el paisano lo sabe desde antes de que llegara ninguna cámara de cine.

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Mateo Vega Sanzo
Escrito por Mateo Vega Sanzo

Cronista de territorio en Latitud Savia. Recorre costa, interior y pueblos de Asturias hablando con quien realmente vive el paisaje.

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