Las 4 colegiatas de Asturias y lo que la Corona nunca supo

Cuatro colegiatas asturianas, cuatro linajes y los secretos que ni los libros de historia locales cuentan del todo. Territorio y poder cara a cara.

Mateo Vega Sanzo · · 6 min de lectura
Google Logo Añadir Latitud Savia en Google
Las 4 colegiatas de Asturias y lo que la Corona nunca supo
Las claves 5
  1. 1 Cuatro colegiatas asturianas nacieron del pulso entre grandes linajes locales y la Corona española.
  2. 2 La Colegiata de Teverga guarda las momias naturales de dos aristócratas de la Casa de Miranda.
  3. 3 El mausoleo de Salas, obra de Pompeo Leoni, se levantó en alabastro entre 1576 y 1589.
  4. 4 Visitar estos templos exige consultar horarios locales, ya que las visitas guiadas no son continuas.
  5. 5 La Colegiata de Pravia nació de una promesa hecha desde el virreinato del Perú en 1715.

Ninguna de estas cuatro colegiatas se levantó por fervor religioso. Cada una fue, antes que nada, un gesto de poder. Los Miranda en Teverga, los Valdés en Salas, los Arango Queipo en Pravia y los Revillagigedo en Gijón usaron el título de colegiata como quien clava un escudo en la puerta de casa.

Tener colegiata significaba tener cabildo propio, clero propio y un mensaje muy claro para vecinos y rivales: aquí mandamos nosotros, y el rey lo sabe. La geografía asturiana, repartida entre valles cerrados, costas abiertas y villas de paso, hizo el resto: cada linaje construyó su colegiata donde más falta le hacía marcar territorio.

Lo que sigue no es una lista de horarios de misa. Es la intrahistoria de cuatro templos que esconden, entre piedra románica y alabastro renacentista, algo más parecido a un ajedrez de familias que a un catecismo.

Colegiata de San Pedro de Teverga: el linaje que Asturias temía tanto que ni la muerte lo borró

La colegiata de Teverga se levanta a finales del siglo XI en un valle del interior asturiano, y algunos especialistas la consideran la primera edificación propiamente románica de toda la región. Por fuera es sobria, sin grandes alardes. Por dentro guarda algo que ningún folleto turístico logra explicar del todo.

En su interior descansan las llamadas momias de Teverga: los cuerpos de Lope de Miranda y Ponce de León, I marqués de Valdecarzana, y de su hijo Pedro Analso de Miranda, abad de esta misma colegiata y más tarde obispo de Teruel. El cuerpo del padre se trasladó desde Madrid en 1731 y, al exhumarlo, apareció momificado de forma natural. El hijo, enterrado en la colegiata en 1733, corrió la misma suerte.

Las 4 colegiatas de Asturias y lo que la Corona nunca supo

La Casa de Miranda gobernó estas tierras con mano dura, tanto que a sus miembros se les conocía como los señores de la horca y el cuchillo. La leyenda popular, que quien camina hoy por Teverga sigue escuchando en las jornadas culturales de la villa, sostiene que ambos cuerpos pagan todavía, incorruptos, los abusos que cometieron en vida.

Las momias se exponen dentro de la propia iglesia, elevadas sobre un pequeño corredor de hierro, no en un museo aparte. Conviene preguntar en la Oficina de Turismo de Teverga, en La Plaza, por los horarios de visita guiada, porque no son continuos. El suelo del pórtico es irregular, así que un calzado con buen agarre evita más de un tropiezo mirando hacia arriba.

Colegiata de Santa María la Mayor de Salas: el inquisidor que se hizo enterrar bajo su propia obra maestra

En pleno concejo de Salas, la familia Valdés levantó en la primera mitad del siglo XVI un templo que hoy combina trazas góticas con un renacimiento que se impuso después, cuando llegó el encargo más ambicioso de todos.

Fernando de Valdés y Salas, arzobispo, inquisidor general y fundador de la Universidad de Oviedo, encargó su propio mausoleo funerario al escultor italiano Pompeo Leoni, el mismo que trabajó a las órdenes de Felipe II en los sepulcros reales de El Escorial. La obra, tallada en alabastro entre 1576 y 1589, se estructura en tres cuerpos: la biografía familiar en la base, la Caridad y la Esperanza flanqueando al arzobispo orante en el centro, y la Fe venciendo a la Herejía en lo más alto.

El gesto no es casual. Un inquisidor general que decide reposar para siempre bajo una escultura donde la Fe aplasta literalmente a la Herejía deja un mensaje que ninguna crónica oficial se atrevió a escribir con esa claridad. La colegiata, cedida al pueblo en 1894 por los duques de Alba, sigue siendo hoy Bien de Interés Cultural y punto de paso del Camino Primitivo de Santiago.

Junto al templo crece un tejo centenario que el paisanaje local sigue rodeando de leyenda, como contrapunto pagano al peso inquisitorial del mausoleo. Antes de visitar conviene consultar con el Ayuntamiento de Salas si el mausoleo permanece accesible por completo, ya que el monumento ha sido objeto de trabajos de restauración por humedad en el alabastro.

Las 4 colegiatas de Asturias y lo que la Corona nunca supo

Colegiata de Santa María la Mayor de Pravia: el templo que nació de una promesa hecha a diez mil kilómetros

La villa de Pravia, en el Bajo Nalón, tiene su propia colegiata barroca, y su origen se parece más a una novela de indianos que a una fundación piadosa al uso.

Fernando Ignacio de Arango Queipo, natural de Pravia, acompañó a su tío Juan Queipo de Llano, arzobispo de Charcas, hasta el virreinato del Perú. Antes de partir, prometió a la Virgen del Valle, patrona de su villa, que si regresaba con bien levantaría un templo en su honor. Cumplió la promesa: en 1715 puso en marcha la fundación, y en 1718 se aprobaron las constituciones fundacionales, confirmadas por el nuncio apostólico en España, un documento que hoy sigue siendo la fuente principal para reconstruir esos primeros años.

El resultado es un templo barroco de tres naves que hoy conserva un archivo con partituras de música religiosa y obras de arte poco conocidas fuera del concejo, entre ellas un cuadro de la Coronación de la Virgen vinculado al círculo de Juan de Juanes y una talla de la Virgen del Rosario del escultor Manuel García Martínez.

Lo interesante de Pravia, para quien viaja despacio, es que casi nadie se detiene aquí. El templo queda a menudo eclipsado por la costa cercana. Merece una parada de una hora larga, sin prisa, buscando ese cuadro y esa talla que pocos guías señalan.

Las 4 colegiatas de Asturias y lo que la Corona nunca supo

Colegiata de San Juan Bautista de Gijón: el templo que cambió de bando

En pleno centro de Gijón, vinculada al Palacio de Revillagigedo y promovida por los marqueses de San Esteban del Mar, la colegiata de San Juan Bautista vivió el barroco de la villa con toda su solemnidad. Después llegó la Guerra Civil, y el templo sufrió daños severos que obligaron a repensar buena parte de su interior.

Lo que hoy sorprende a quien entra sin avisar es el contraste: por fuera mantiene la fachada barroca vinculada a los Revillagigedo, mientras que el interior se ha reconvertido en espacio de exposiciones y programación cultural contemporánea, bajo gestión municipal. Piedra del siglo XVIII y arte del siglo XXI conviven en la misma nave sin disimulo.

Antes de acercarse conviene consultar la programación de la Concejalía de Cultura o de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón, porque el uso expositivo del espacio depende de la agenda del momento y no siempre está abierto al público general.

Las 4 colegiatas de Asturias y lo que la Corona nunca supo

El nexo oculto: piedra como declaración de poder

Ninguna de estas cuatro colegiatas se levantó por fervor religioso puro. Todas funcionaron como fichas de un tablero de ajedrez geopolítico y de estatus nobiliario. Los Miranda, los Valdés, los Arango Queipo y los Revillagigedo usaron el título de colegiata para decirle a la Corona, y sobre todo a sus vecinos, que su linaje mandaba en Asturias tanto o más que la propia monarquía.

Quien recorra Teverga, Salas, Pravia y Gijón en un mismo fin de semana no solo cruza interior, occidente y costa. Cruza cuatro maneras distintas de construir poder con piedra, y sale de cada templo sabiendo un poco más de lo que enseñan los libros de texto sobre la Asturias que de verdad se disputó entre familias.

Compartir
Mateo Vega Sanzo
Escrito por Mateo Vega Sanzo

Cronista de territorio en Latitud Savia. Recorre costa, interior y pueblos de Asturias hablando con quien realmente vive el paisaje.

Tambien te puede interesar