Hay curiosidades de la Catedral de Oviedo que están a la vista de todos y otras que llevan siglos ahí arriba sin que nadie repare en ellas. Desde una torre que debería tener una gemela hasta un sátiro burlón, pasando por un cementerio que engaña con su nombre, el templo esconde más capítulos de los que parece a simple vista.
La Catedral de Oviedo es un libro abierto en piedra, pero, como todo buen libro, tiene capítulos que no están hechos para leerse desde abajo. Mientras la mayoría mira hacia la fachada gótica y su única torre sin saber por qué es única, en los aleros y cornisas se esconde una fauna de piedra que rompe con toda la solemnidad del templo.
Por qué la Catedral de Oviedo solo tiene una torre
Lo primero que llama la atención de la fachada, aunque casi nadie se pregunte por qué, es que solo tiene una torre. Los planos góticos originales contemplaban dos torres simétricas, como en tantas catedrales europeas, pero las obras se toparon con lo de siempre: falta de dinero. El proyecto se frenó y la seo ovetense se quedó con una sola torre, esbelta y solitaria, que no se remató hasta el siglo XVI, de la mano de Rodrigo Gil de Hontañón. Esa asimetría, que hoy es casi una seña de identidad de Oviedo, nació de un recorte presupuestario medieval.

Un relieve pensado para destacar
Sobre la puerta central, el relieve de la Transfiguración del Señor, tallado en 1731, tiene un detalle que pasa desapercibido si no se sabe mirar: está labrado en una piedra de tono gris, elegida a propósito para que contrastara con el dorado de la dolomía de Laspra con la que se construyó el resto de la fachada original. Es, básicamente, un efecto óptico del siglo XVIII pensado para que la escena religiosa se llevara toda la atención de quien mirara hacia arriba.
Reyes y niños en los medallones
A los lados del cuerpo central de la fachada se pueden distinguir en bajorrelieve los bustos de Fruela I y de Alfonso II el Casto, los reyes considerados impulsores históricos del templo. Los acompañan dos medallones más pequeños, con el Niño Jesús y San Juan niño, una combinación que mezcla la memoria dinástica con la iconografía religiosa en el mismo golpe de vista.
El sátiro burlón de la torre gótica
Entre las gárgolas de la torre, catalogadas con detalle por la investigadora Dolores Herrero, doctora en Historia del Arte especializada en el estudio de estas figuras, hay una que se sale de cualquier guion religioso: un sátiro desnudo, tallado en una postura totalmente contorsionada, mostrando el ano como si estuviera defecando.
No es un descuido ni una broma de cantero aburrido. Estas figuras grotescas, habituales en el arte gótico europeo, funcionaban como advertencia visual: representaban el pecado y lo terrenal, todo lo que debía quedar fuera de los muros sagrados. Colocarlo mirando hacia el exterior, lejos del altar, era teología en piedra pensada para quien supiera leerla.

Puertas con mensaje
Las puertas principales, con sus hojas de nogal talladas en el siglo XVIII, tampoco están ahí por casualidad. En su madera aparecen representados San Salvador, patrono de la catedral, y Santa Eulalia de Mérida, patrona de la diócesis. Es la manera que tuvo el templo de presentar a sus dos protagonistas espirituales a quien está a punto de cruzar el umbral, mucho antes de que llegue a la Cámara Santa.
La Cámara Santa y las reliquias que nadie ve desde la nave
Quien cruza esas puertas de nogal suele seguir de largo hacia la nave, sin saber que a la derecha, en una capilla que Alfonso II mandó levantar en el siglo IX, se guarda uno de los tesoros religiosos más importantes de Europa. La Cámara Santa no es una capilla más: es el motivo por el que Oviedo llegó a llamarse «Sancta Ovetensis», la ciudad santa de referencia para los peregrinos antes incluso de que Santiago fuera la meta principal del Camino.
Dentro se conservan la Cruz de los Ángeles, donada por el propio Alfonso II en el año 808, y la Cruz de la Victoria, un siglo más tarde, en el 908, por encargo de Alfonso III. Ambas están hoy en el escudo de Asturias, aunque casi nadie repara en que su origen es esta cámara y no un taller heráldico. Junto a ellas, el Arca Santa custodia un conjunto de reliquias entre las que destaca el Santo Sudario, el lienzo que la tradición identifica como el paño que cubrió el rostro de Cristo tras su muerte.
Lo que pocos visitantes miran, atrapados por las cruces y el sudario, son los capiteles de la propia cámara: están considerados una de las cumbres de la escultura prerrománica española, con escenas que van de lo bíblico a lo casi caricaturesco. Un tesoro dentro de otro tesoro, todo en una habitación del tamaño de una capilla lateral.
El cementerio que nunca fue de peregrinos
Junto al claustro, con entrada vinculada a la cripta de Santa Leocadia, hay un pequeño jardín que todo el mundo conoce como el «cementerio de peregrinos». El nombre engaña: según la propia documentación de la catedral, ese espacio nunca acogió realmente enterramientos de peregrinos.
En el siglo X se destinó a un uso mucho más restringido: fue lugar de enterramiento de los obispos de la diócesis, cuyos restos todavía pueden verse hoy en el pequeño espacio porticado adosado al norte de la cripta. Los peregrinos que morían en Oviedo recibían sepultura en el hospital vecino, no en ese jardín. El nombre popular sobrevivió a la historia real, y hoy sigue despistando a quien lo visita.

Un bestiario que no encaja en ninguna guía convencional
Además del sátiro, la torre reúne una diversidad de figuras que sorprende incluso a quien va buscándolas. Hay grifos de cabeza ladeada repartidos en varias gárgolas, leones de melenas muy distintas entre sí, un águila y varios perros cuyo parecido con los del Monasterio de Batalha, en Portugal, resulta llamativo: podría tratarse de canteros o talleres que trabajaron en ambos edificios, aunque no siempre hay documentación que lo confirme.
El resto del bestiario roza lo insólito. Un carnero con la tráquea muy marcada tiene connotación casi demoníaca, y hay un sapo que posa una mano sobre su propia zona ventral, una imagen tan curiosa como poco frecuente en el resto de catedrales góticas españolas. Entre las figuras humanas aparece un hombre desnudo con la cabeza ladeada y la lengua fuera, otro con melena en franjas, y uno vestido de monje, con un libro en la mano, como si vigilara desde arriba.
Hay también antropomorfos que mezclan lo humano y lo animal sin pudor: una figura con hábito de monja, las manos recogidas en el regazo y pico de ave; un hombre desnudo con pies y manos en forma de hoja, sentado en un gesto muy expresivo; y dos figuras agachadas con la cabeza hacia los pies, en una postura que ningún manual de escultura religiosa explicaría del todo. Entre los demonios, dos llevan senos de mujer y alas membranosas, con rasgos que recuerdan a las gárgolas de la catedral de León, otra pista de posibles intercambios entre talleres medievales.
Las máscaras del claustro: un repertorio distinto
El claustro, construido en los siglos XIV y XV sobre el trazado del anterior claustro románico del siglo XII, tiene un lenguaje propio, muy distinto al de la torre. Sus gárgolas son cabezas de dibujo esquemático y volumen marcado, entre humanas, de perro y de gato, muchas con un aire grotesco cercano a la máscara.
No son las figuras narrativas de la torre, con su sátiro y sus demonios alados, sino un catálogo más contenido, casi funcional, que sirve igualmente para desaguar la lluvia y, de paso, recordar que ni siquiera el claustro más silencioso de la catedral se libra de un poco de humor negro medieval.
¿Quieres jugar a buscarlos?
La Catedral de Oviedo no es solo historia: es un mapa de acertijos de piedra. Con unos prismáticos y algo de paciencia, se puede localizar al sátiro desde la propia plaza de Alfonso II el Casto, sin necesidad de subir a ningún sitio. El resto de la fachada, con su torre única, su relieve de la Transfiguración y sus medallones reales, sigue guardando detalles que la mayoría de visitantes pasa por alto camino de la Cámara Santa.
Quien levanta la vista en Oviedo descubre que la piedra también sabe reírse de sí misma, en voz baja y a mucha altura, donde nadie mira si no se lo dicen antes.
Preguntas frecuentes sobre las curiosidades de la Catedral de Oviedo
¿Por qué la Catedral de Oviedo solo tiene una torre?
Los planos góticos originales preveían dos torres simétricas, pero la falta de presupuesto frenó el proyecto. La torre única que se conserva hoy no se terminó hasta el siglo XVI, de la mano de Rodrigo Gil de Hontañón.
¿Qué representa el relieve sobre la puerta central?
Es la Transfiguración del Señor, tallada en 1731 en piedra gris para contrastar deliberadamente con el dorado de la fachada original.
¿Es cierto que hay un sátiro tallado en la torre?
Sí. Entre las gárgolas hay un sátiro desnudo en una postura contorsionada, una figura grotesca típica del gótico europeo que funcionaba como advertencia visual frente al pecado.
¿El cementerio de peregrinos fue realmente un cementerio de peregrinos?
No. Pese al nombre popular, ese espacio junto al claustro fue desde el siglo X lugar de enterramiento de los obispos de la diócesis, no de peregrinos.
¿Qué reliquias hay en la Catedral de Oviedo?
En la Cámara Santa se conservan la Cruz de los Ángeles (808) y la Cruz de la Victoria (908), ambas hoy símbolo del escudo de Asturias, además del Arca Santa y el Santo Sudario, el lienzo que la tradición vincula con el rostro de Cristo.
¿Cómo es la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo?
Es una capilla del siglo IX, mandada construir por Alfonso II, que dio a Oviedo el sobrenombre de «Sancta Ovetensis». Alberga las principales reliquias de la catedral y unos capiteles considerados clave en la escultura prerrománica española.