El proceso místico detrás del queso más exclusivo y raro de España, elaborado en una parroquia de apenas 273 habitantes.

Solo tres mujeres elaboran el queso de Urbiés en Mieres. Sin cuajo, sin conservantes, siguiendo la luna menguante. 70 kilos al año y riesgo real de desaparecer. Esto es lo que hay que saber.

Latitud Savia · · 5 min de lectura
Google Logo Añadir Latitud Savia en Google
Queso asturiano artesanal elaborado en una parroquia de montaña, uno de los más exclusivos de España y protagonista de una tradicional venta anual.

Queso asturiano artesanal de elaboración tradicional, presentado junto a su manteca y diferentes piezas curadas. La imagen representa uno de los quesos más exclusivos de Asturias, producido en una pequeña parroquia y conocido por una tradición que limita su venta a un único día al año.

Las claves 5
  1. 1 Solo tres mujeres elaboran el queso de Urbiés en Mieres; cuando dejen de hacerlo, el queso desaparece.
  2. 2 Se vende únicamente un día al año, el primer domingo de junio, con permiso especial del Ayuntamiento de Mieres.
  3. 3 No lleva cuajo ni conservantes: fermenta por acidificación natural y se remueve en luna menguante en sentido horario.
  4. 4 Necesita 30 litros de leche cruda de vaca para producir un kilo; otros quesos de vaca requieren entre 6 y 12 litros.
  5. 5 La producción anual no supera los 70 kilos; en el certamen de 2026 las piezas se agotaron en minutos.

Urbiés tiene 273 habitantes, una carretera angosta que baja desde la cuenca minera de Mieres y tres mujeres que saben hacer algo que nadie más en el mundo sabe hacer exactamente igual. Se llama queso de Urbiés. Se elabora sin cuajo, sin conservantes, sin cámara frigorífica. Y siguiendo la luna.

El primer domingo de junio, una vez al año, se puede comprar. En 2026 se agotó en minutos.

Un queso que no existe en ningún registro sanitario

El queso de Urbiés no tiene registro sanitario para su venta regular. No porque sea peligroso, sino porque su proceso de elaboración, heredado sin modificaciones desde hace siglos, no encaja en los protocolos de la industria alimentaria contemporánea. El Ayuntamiento de Mieres concede un permiso especial una vez al año para que pueda venderse durante el certamen del primer domingo de junio. Sin ese permiso, no hay venta. Sin venta, no hay razón para seguir elaborándolo.

En 2026, el certamen celebró su XXX edición en el valle de Turón. La consejera de Cultura del Principado, Vanessa Gutiérrez, lo reivindicó como patrimonio cultural inmaterial asturiano en su discurso de pregonera. Las palabras estuvieron bien. El queso se agotó antes de que terminara la mañana.

Cómo se elabora: sin atajos y con la luna como calendario

El proceso empieza con leche cruda entera de vaca, ordeñada en el propio pueblo. No se puede comprar la leche fuera: quien no tiene ganado, no puede hacer queso de Urbiés. La leche se vierte en un balde grande y se deja cuajar sola, por acidificación natural, sin cuajo ni fermento añadido. El proceso dura entre uno y cinco días según la época del año y la temperatura.

Una vez cuajada, la masa se mete en sacos de tela y se cuelga para que suelte el suero. Cuando deja de soltarlo, empieza la parte que no tiene equivalente en ningún otro queso asturiano: la maduración en luna menguante.

Durante medio año o hasta nueve meses, las queseras remueven la masa en sentido horario cada vez que la luna entra en fase menguante. El objetivo es que el moho que se forma en la superficie se distribuya de forma homogénea y no eche a perder el interior. Ángeles Crespo lo aprendió por las malas: la primera vez que elaboró el queso ignoró las lunas, removió en creciente y el queso se estropeó.

Lo que hace falta para obtener un kilo

Un kilo de queso de Urbiés necesita aproximadamente 30 litros de leche cruda de vaca. Un queso de vaca convencional necesita entre 6 y 12 litros para el mismo resultado. La diferencia explica por qué la producción anual total no supera los 70 kilos y por qué el precio, 30 euros el kilo, resulta simbólico frente al trabajo real que representa.

El formato de venta en el certamen es de dos tamaños: tarros de 200 gramos a seis euros y tarros de 400 gramos a doce. Sin corteza, para untar, con un sabor picante y fuerte que, según Daniel Fernández de los Guardianes del Queso de Urbiés, no tiene término medio: o lo deseas o lo rechazas. Se toma con un poco de pan. Poco a la vez.

Las tres mujeres que lo sostienen todo

Ángeles Crespo, Consuelo Noval y Luisa Fidalgo son las únicas tres personas en Asturias que elaboran queso de Urbiés. Cada una tiene su estilo: una lo deja más untuoso, otra más consistente; una remueve ocho días en menguante, otra quince. El resultado tiene siempre el mismo carácter.

Luisa Fidalgo aprendió la técnica de sus dos abuelas. La leche viene de las vacas de su hijo, que trabaja de taxista y no tiene intención de continuar con el queso. Fidalgo lo dice sin rodeos: cuando ellas no estén, esto muere.

Daniel Fernández, que lleva 17 años en la asociación Guardianes del Queso de Urbiés junto a Pablo Sánchez y Bernardina Iglesias, recuerda haber conocido a 14 queseras de niño. Hoy quedan tres. La asociación retomó el certamen tras cuatro años sin celebrarse después de la pandemia. Lo montan entre tres personas, desde la barra hasta la organización completa.

Por qué ir a Urbiés aunque no sea el primer domingo de junio

Urbiés está en la cuenca minera asturiana, a menos de 30 kilómetros de Oviedo por la AS-17 en dirección a Mieres. El valle de Turón, donde se celebra el certamen, tiene una geografía cerrada, verde y densa que no parece el mismo territorio que la costa cantábrica. Es Asturias interior, la que no aparece en los carteles de turismo.

El Museo de la Minería y de la Industria de Asturias, en El Entrego, a veinte kilómetros de Urbiés, da contexto a la cuenca que rodea la aldea. Para quien quiera combinar la visita con gastronomía de la zona, Mieres tiene en el Restaurante Casa Tomás un referente de cocina asturiana de mercado con producto local bien trabajado.

Si se quiere el queso, hay que apuntar el primer domingo de junio en el calendario con meses de antelación. Llegar tarde no sirve de nada. En 2026, las piezas se agotaron antes de que muchos visitantes terminaran de aparcar.

Consuelo Noval enseñó hace años a un elaborador de embutidos a hacer el queso de Urbiés. Cuando vio el trabajo que requería, lo dejó. Eso dice todo lo necesario sobre por qué solo quedan tres y sobre lo que se perderá cuando ya no quede ninguna.

Compartir
Latitud Savia
Escrito por Latitud Savia

Firma colectiva de Latitud Savia para piezas de última hora, actualizaciones y contenido elaborado conjuntamente por la redacción.

Tambien te puede interesar