En el verano de 1666, Isaac Newton descansaba en el jardín de Woolsthorpe Manor, la casa familiar en Lincolnshire donde se había refugiado de la peste que asolaba Cambridge. Una manzana cayó del árbol. Newton no la recibió en la cabeza; la observó caer. Y se preguntó por qué siempre caía perpendicular al suelo, sin desviarse, sin flotar. De esa pregunta nació la Ley de la Gravitación Universal.
Lo que casi nadie cuenta es que Newton conocía bien esa manzana. No solo como objeto de estudio, sino como materia prima de una bebida que consumía con regularidad.
Newton bebía sidra y sabía de manzanas
En la Inglaterra del siglo XVII, la sidra era una bebida de uso cotidiano, presente en la mesa de cualquier hogar con acceso a un manzanal. Newton no era una excepción. Los archivos históricos y la correspondencia de la época lo sitúan como consumidor habitual de sidra y cerveza negra, dos bebidas que en aquel contexto coexistían sin jerarquía.
Pero Newton fue más allá del consumo. Recomendaba específicamente la variedad Redstreaks para la elaboración de sidra de calidad. La Redstreaks era una manzana de origen inglés, muy apreciada en los llagares del siglo XVII por su equilibrio entre dulzor y acidez, dos cualidades que en Asturias se buscan hoy en variedades como la Raxao o la Xuanina con idéntico criterio.
Un hombre que recomienda variedades de manzana para hacer sidra no es un consumidor pasivo. Es alguien que ha prestado atención al proceso.
La gravedad que mueve la sidra cada día
El escanciado asturiano no cita a Newton. No necesita hacerlo. Pero aplica su principio con una precisión que cualquier físico reconocería.
El escanciador levanta la botella por encima de la cabeza. El vaso queda abajo, a entre 50 y 80 centímetros de distancia. La sidra cae en caída libre, sin guía, sin tubo, sin embudo. La gravedad hace el recorrido. El impacto contra el fondo del vaso, un vaso de cristal fino con boca de nueve centímetros, rompe la tensión superficial del líquido, libera el gas carbónico disuelto y levanta los aromas encerrados durante meses en el llagar.
Sin gravedad, no hay escanciado. Sin escanciado, no hay sidra natural en condiciones. Newton, sin pretenderlo, describió la física del culín trescientos años antes de que el primer escanciador compitiera en un certamen asturiano.
El chiste que Asturias lleva siglos contando
El humor popular asturiano tiene una versión propia de la historia. Según ella, Newton no estaba estudiando la caída de los objetos. Estaba examinando el manzano para calibrar si la cosecha era buena. Y cuando comprobó que sí lo era, puso en práctica de inmediato el principio que acababa de intuir: levantó el vaso, escancio desde lo alto y bebió el culín de un trago.
Es un chiste, claro. Pero como todos los buenos chistes asturianos sobre sidra, esconde una verdad debajo: que la relación entre esta fruta, esta bebida y la física del mundo no es casual. Es consecuente.
Qué tienen en común Woolsthorpe y un llagar de Sariego
El manzano de Woolsthorpe Manor sigue en pie. El árbol original, o lo que los botánicos consideran su descendiente directo, continúa en el jardín de la casa donde Newton pasó aquellos meses. Es una variedad Flower of Kent, no apta para sidra, pero el jardín que la rodea tiene el mismo olor a hierba húmeda y manzana que cualquier prau asturiano en octubre.
En Sariego, a veinte kilómetros de Oviedo, Masaveu Bodegas recoge a mano seis variedades autóctonas: Raxao, Durona de Tresali, Verdialina, De la Riega, Xuanina y Fuentes. Con veinte de esas manzanas llenan una botella de 37,5 centilitros de Valverán 20 Manzanas, la sidra de hielo que en 2026 acaba de ganar el Gran Oro en el CINVE como mejor sidra del mundo.
Newton recomendaba Redstreaks. En Asturias trabajan con Raxao y Xuanina. El criterio es el mismo: conocer la manzana antes de decidir qué se hace con ella.
Dónde beber esto con contexto
El Museo de la Sidra de Asturias en Nava tiene una sala dedicada al proceso histórico de la producción, con prensas originales del siglo XIX y paneles que explican la evolución de las variedades autóctonas. Para entender de dónde viene lo que se bebe, es el punto de partida más honesto de la región.
Para probarlo en origen, los llagares de Villaviciosa y Sariego abren en temporada de recogida, entre septiembre y noviembre. El olor a mosto recién prensado en un llagar activo es un dato sensorial que no aparece en ningún libro de física ni en ninguna carta de sidrerías.
Newton vio caer una manzana y cambió la manera en que la humanidad entiende el universo. En Asturias, esa misma caída, calculada al milímetro por el escanciador, llena cada día miles de culines en chigres que no saben que están haciendo física aplicada. Y que tampoco necesitan saberlo para hacerlo bien.