Los picos, valles y silvestre y salvaje. Miradores en Asturias hay muchos, pero no todos ofrecen la misma vista ni el mismo motivo para desviarse de la ruta. Del hormigón futurista del Fitu a la ermita entre hórreos de La Regalina, cada mirador de esta lista tiene un rasgo que lo distingue del resto y que justifica por sí solo la parada.
Asturias combina cordillera y acantilado a apenas una hora de distancia, y eso se nota en sus miradores: los hay que enseñan dos lagos glaciares de un solo vistazo y los hay que esconden una cueva marina bajo los pies de quien mira hacia abajo. Esta es la selección que mejor resume esa doble cara del territorio.
Miradores de montaña e interior
Mirador del Alto del Naranco: Oviedo entero de un solo vistazo
En la cima del monte que corona Oviedo se levanta el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, el cristo de piedra más alto de España con sus 30 metros. La idea nació en 1950, impulsada por el padre Vega y Ramoncita Bertrand, para emular al Cristo del Corcovado de Río de Janeiro, pero la falta de presupuesto retrasó todo hasta 1963, cuando se colocó la primera piedra: una roca traída del Santuario de Covadonga, bajo la que se enterraron bolsas de tierra bendecida de todos los concejos asturianos.
El monumento no se inauguró hasta 1981. Desde su base se ve Oviedo entero y, en días despejados, hasta Gijón, y a un paso quedan dos joyas del prerrománico asturiano, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo.

Mirador de Entrelagos: los dos lagos de Covadonga en una sola vista
En la loma que separa el Lago Enol del Lago Ercina, este mirador enseña ambos lagos glaciares a la vez, formados por la retirada de los hielos hace más de 25.000 años. La cresta que los separa, llamada La Picota, es en realidad una morrena central que quedó al confluir dos glaciares distintos. Bajo las aguas del Enol descansa una réplica de la Virgen de Covadonga que, según la tradición local, emerge cada 8 de septiembre por su festividad. Todo el entorno forma parte del primer Parque Nacional de España, creado en 1918 a instancias del montañero Pedro Pidal.

Mirador de La Reina: valle, cordillera y el Cantábrico al fondo
En la carretera de subida a los Lagos de Covadonga, a 910 metros de altitud, este mirador es uno de los tres que Pedro Pidal impulsó en los años veinte con nombres de la realeza: el del Rey, dedicado a Alfonso XIII, y el de la Reina, en honor a su esposa Victoria Eugenia de Battenberg, que visitó los lagos en su día. Desde aquí se ve el valle del río Güeña, la Sierra del Cuera y, en días claros, el Mar Cantábrico, además de ser un buen punto para observar buitres y otras aves necrófagas.

Mirador Pedro Udaondo: el mejor ángulo del Picu Urriellu
En Asiegu, Cabrales, este mirador no conmemora una vista, sino a una persona: Pedro Udaondo Echevarría, escalador vasco que abrió algunas de las vías más clásicas de los Picos de Europa y protagonizó la primera ascensión invernal al Picu Urriellu.
Murió en 2007, a los 73 años, escalando en la zona de las Barrastrosas. Siete meses después, el pueblo de Cabrales le inauguró este mirador con gaiteros y una espicha popular, en el mismo lugar desde el que hoy se contempla el Naranjo de Bulnes, especialmente espectacular al atardecer, cuando la roca se tiñe de naranja.

Mirador del Fitu: la nave espacial de hormigón sobre el Sueve
Todo empezó un domingo de octubre de 1925, cuando un grupo de amigos de Parres subió al Alto del Fitu en coche, tomó fotos y decidió que aquel punto merecía un mirador. La idea se enfrió durante dos años, hasta que en 1927 el doctor Antonio Pérez Pimentel la retomó y organizó una colecta popular por toda Asturias: Gijón aportó el 85% del dinero recaudado.
La estructura de hormigón, obra del ingeniero José María Sánchez del Vallado, se levantó en solo seis meses y se inauguró el 28 de agosto de 1927. Casi cien años después, su plataforma con forma de platillo volante sigue ofreciendo una vista de 360 grados que une la costa cantábrica con los Picos de Europa.

Miradores de la costa cantábrica
Mirador de La Regalina: la ermita entre hórreos frente al mar
En Cadavedo, concejo de Valdés, la ermita azul y blanca de La Regalina se construyó en 1931 por iniciativa de un sacerdote local que quería un lugar de peregrinación para honrar a la Virgen de Riégala. La leyenda cuenta que su imagen fue hallada entre la maleza por una mujer que segaba en la zona.
En 2020, un corrimiento de tierras estuvo a punto de llevarse por el acantilado el hórreo que acompaña a la ermita, y hubo que desmontarlo pieza a pieza para recolocarlo más al interior. Desde este saliente, a unos 90 metros sobre el mar, se ven los acantilados occidentales y las playas salvajes de la zona.

Mirador de Cabo Vidio: acantilados de cien metros y una cueva secreta
En Cudillero, este mirador corona unos acantilados de casi cien metros sobre los que se levanta el Faro de Cabo Vidio, inaugurado en 1950 tras dos años de obras y considerado el faro más reciente de toda Asturias.
El cabo tiene, además, una historia mucho más antigua: fue una posición estratégica desde la Edad del Hierro, con restos de lo que se conoce como El Castrellón de Cabu Vidíu, uno de los recintos fortificados más grandes de la costa asturiana. Con marea baja, bajo el propio mirador, se puede distinguir la cueva conocida como «la Iglesiona», excavada por el oleaje durante siglos.

Mirador de la Playa del Silencio: la cala en forma de concha
También en Cudillero, este mirador se asoma a la bahía de la Playa del Silencio (Gavieiru), protegida por islotes y paredes de piedra que le dan forma de concha. A diferencia de otros puntos de la costa, aquí no hace falta bajar hasta la arena para disfrutar de la vista: el acceso al mirador es sencillo y a pie, lo que lo ha convertido en parada obligada incluso para quien no piensa bañarse.

Mirador de La Boriza: dos playas, una sola vista
En Llanes, esta plataforma de hormigón con forma de proa de barco, a la que se sube por 23 escalones, se levanta en la Punta el Pandón, una planicie que durante la Guerra Civil española funcionó como aeródromo. Hoy, en su lugar, hay un campo de golf, y desde el mirador se ven a la vez dos playas separadas por una lengua de roca: Andrín hacia el este y Ballota, con su islote del Castro Ballota, hacia el oeste, con la Sierra del Cuera y parte de los Picos de Europa al fondo.

Mirador de San Roque: Lastres colgado sobre el acantilado
En lo alto de Lastres, junto a la capilla de San Roque, este es uno de los miradores más fotografiados de la costa oriental asturiana. La capilla la construyó en 1616 la familia Robledo Victorero, la más próspera del pueblo en la época, y durante siglos este promontorio sirvió como punto de vigía desde el que se avisaba a los pescadores cuando se divisaba el paso de las ballenas.
Hoy, desde el mismo lugar, se ve el pueblo marinero de Lastres colgado sobre el acantilado, su puerto pesquero, la playa de La Griega y la Sierra del Sueve al fondo.

Una ruta para ver unos cuantos seguidos: la Ruta de los Miradores en Muros del Nalón
Si prefieres verlos caminando en vez de parar en coche mirador a mirador, en Muros del Nalón hay una senda pensada exactamente para eso: la Ruta de los Miradores, un recorrido de ida y vuelta de poco más de 9 km entre San Esteban de Pravia y la Playa del Aguilar, con dificultad fácil y unas dos horas y media de duración.
El tramo más exigente son los cerca de 420 escalones que suben hasta el Mirador del Espíritu Santo, desde donde se ve la desembocadura del Nalón, el Playón de Bayas y, hacia el oeste, toda la costa hasta el Faro de Cabo Vidio. Más adelante, entre bosques de pino y eucalipto, la senda llega al Mirador de la Atalaya, con otra panorámica abierta sobre las playas de la Conchiquina, la Atalaya y Cazonera, antes de terminar en el arenal más importante del concejo.
Un territorio que se entiende mejor desde arriba
Asturias no necesita elegir entre montaña y costa: sus miradores son la prueba de que ambos paisajes conviven a poca distancia el uno del otro. Desde el hormigón del Fitu hasta la cueva escondida de Cabo Vidio, cada parada de esta lista enseña una cara distinta del Principado, y juntas explican por qué a esta tierra se le queda pequeño cualquier adjetivo.
Preguntas frecuentes sobre los miradores de Asturias
¿Cuál es el mirador más famoso de Asturias?
El Mirador de Entrelagos, en Covadonga, es probablemente el más fotografiado, por ser el único punto desde el que se ven a la vez el Lago Enol y el Lago Ercina.
¿Qué mirador de Asturias tiene las mejores vistas de costa y montaña juntas?
El Mirador del Fitu, entre Colunga y Parres, con su vista de 360 grados que une la costa cantábrica con los Picos de Europa y la Sierra del Sueve.
¿Hay algún mirador en Asturias fácil de visitar con niños?
El Mirador de San Roque, en Lastres, cuenta con área recreativa con mesas y barbacoas, y el Mirador de la Playa del Silencio se accede a pie sin dificultad, lo que los convierte en buenas opciones familiares.